VILLOTA Y AMÉZOLA

Murieron sin saber que eran campeones

Los Juegos Olímpicos de París 1900 no fueron unos Juegos al uso. Se llamaron “Concursos Internacionales de Ejercicios Físicos y Deportes” y las medallas ganadas no se reconocieron oficialmente hasta 2004.

Jose M. Amorós
@JoseMAmoros
Publicado el 01/03/2017 a las 14:40

TIEMPO DE LECTURA: 6 minutos

“No me lo creo. Es un sueño hecho realidad”. Estas fueron las primeras palabras de Ruth Beitia el pasado 20 de agosto ante el micrófono de TVE tras confirmarse su medalla de oro en Río 2016. Entre lágrimas, resoplidos y sofocada por lo que acababa de lograr, la saltadora de altura cántabra se convertía en la última medallista de oro española hasta el día de hoy. Había conseguido su sueño.

Beitia es la última campeona olímpica del palmarés español. Pero, ¿quién es el primero de esa lista? La primera edición de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna, con sede en Atenas en el año 1896, no contó con participación alguna por parte española, por lo que París 1900 se convertía en nuestro debut olímpico. Aunque bien es cierto que, para referirnos como “olímpicos” a los eventos deportivos llevados a cabo en la ciudad parisina, es necesario conocer varios detalles y matizaciones. La capital francesa era la elegida por parte del Presidente del Comité Olímpico Internacional, Pierre de Fredy, barón de Coubertin, para la primera edición olímpica fuera de Grecia. Y el reto no iba a ser fácil. París estaba inmerso en la preparación de la Exposición Universal, que prometía ser una gran fiesta de autobombo patrio para dar paso al siglo XX. Y los “imberbes” Juegos Olímpicos no tenían hueco en la fiesta.

El Presidente del COI tuvo que aceptar, tras muchos quebraderos de cabeza, que los II Juegos Olímpicos iban a ser los llamados Concursos Internacionales de Ejercicios Físicos y Deportes de la Exposición Universal. O, mejor dicho, que sus Juegos iban a ser sustituidos por esos concursos. Y esto es porque no se mencionó ni una sola vez la expresión “Juegos Olímpicos” ni tampoco se entregaron medallas. Ni, por supuesto, hubo ceremonias de apertura y clausura. Además, las competiciones iban desde deportes como el atletismo y la natación a pruebas de colombofilia y pesca, todas compartiendo calendario con pruebas para profesionales con precio de inscripción y premios en metálico (algo fuera de la ética olímpica). Y hablando de metálico, en lugar de las tradicionales medallas, según varios historiadores olímpicos, los vencedores eran “agasajados” con galardones tan dispares como réplicas de la Torre Eiffel o pipas de madera. El COI se apresuró en olvidar lo que había ocurrido en París sin dejar claro quién entraba y quién no en la nómina de campeones olímpicos.

José de Amézola y su esposa, Teresa Garay.

Imagen de
Fernando Arrechea (CIHEFE).

Así pasaron décadas sin más detalles. Nadie se atrevía a volver a abrir el cajón de París 1900 y arreglar aquel desaguisado de certámenes y campeones. Información de las competiciones había, pero el reto era mucho mayor: ¿qué pruebas debían ser consideradas “olímpicas”? Durante años, España no tenía certeza de quién había sido su primer deportista olímpico y, mucho menos, si sumaba o no alguna “medalla” en su palmarés. El húngaro Ferenc Mezö, en su obra The Modern Olympic Games, puso el primer nombre español sobre la mesa: Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa de Asturias. Según Mezö, Pidal había sido segundo en la prueba de tiro con arco y, por lo tanto, podía convertirse en el primer olímpico español y también medallista, con una medalla de plata. Es más, así fue adquirido por el COE durante años. Finalmente, según las investigaciones del historiador español Joan Fauria i García, y recogido por Fernando Arrechea en su libro 1900. La primera experiencia olímpica española,  aclaró que el Marqués de Villaviciosa de Asturias había utilizado una escopeta -de calibre 12 y no un arco- para participar en la prueba de tiro al pichón -y no a una diana-, además de embolsarse un gran premio por su consecución. Todo había sido un error de traducción y entendimiento.

Si España no sabía ni quién era con seguridad su primer olímpico, eleven este problema a nivel internacional. ¡Y nadie hacía nada fiable! Hasta 1998. El historiador estadounidense Bill Mallon publicaba su libro The 1900 Olympic Games. Results for All Competitors in All Events, with Commentary, donde clasificaba todas las pruebas de París 1900 entre “olímpicas y no olímpicas”. Mallon imponía cuatro cribas (pruebas abiertas, internacionales, sin hándicaps y amateurs –sin precio de inscripción ni premio-) para ordenar el enrevesado y confuso palmarés de los II Juegos Olímpicos Modernos. Además, descubría algunas pruebas que habían pasado sin grandes focos en la Exposición Universal pero que cumplían las cualidades para ser denominadas “olímpicas”. Ahí se revelaban los torneos de pelota vasca, en su modalidad de cesta punta, disputados en el frontón de la Sociedad de Pelota situada en el número 26 de la calle Pauline Borghèse de Neuilly-sur-Seine. Sí, la pelota vasca fue olímpica en 1900 por primera y última vez. Durante el 17, 19 y 21 de junio de 1900 se organizaron dos torneos: uno para profesionales (y por lo tanto, considerado “no olímpico”) y otro para amateurs (aquí estaba la clave).

Hasta 1.000 espectadores disfrutaron del torneo profesional, donde la pareja formada por Ángel Barrenechea y Juan Ituarte, ambos de la localidad vizcaína de Marquina-Jeméin,  lograron la victoria sobre otra pareja española: José Elicegui y “Abadiano“. Terceros y últimos fueron los hermanos franceses Pierre y Joseph Apesteguy. Pero para el interés olímpico español quedaría para siempre la prueba amateur. Según el libro oficial de los Concursos y destacado por Arrechea en su investigación, la competición tuvo solo dos inscripciones: la pareja francesa conformada por Maurice Durquetty y Etchegaray y los españoles Villota (“de Madrid”) y Amézola (“de Bilbao”). Con solo dos parejas contendientes, solo una partida entre ellos elegiría a los, a posteriori, campeones olímpicos. Sin embargo, nunca llegaron a verse las caras sobre el frontón ya que la pareja anfitriona se retiró del concurso por desavenencias con la organización. Por lo que Villota y Amézola eran proclamados, en ese momento, como “Campeones del Mundo amateurs de pelota vasca”, recibiendo unos objetos de arte valorados en 150 francos.

Francisco Villota (1904).

Imagen de
Fernando Arrechea
(CIHEFE).

Francisco Villota (1904).

Imagen de
Fernando Arrechea
(CIHEFE).

La inclusión por parte de Bill Mallon de esta prueba en su ordenamiento de París 1900 ponía nombre (mejor dicho, apellidos) a los primeros deportistas españoles que, además, pasaban a ser los primeros campeones olímpicos de nuestro país. Este honor fue refutado oficialmente en el año 2004, 104 años después de la disputa de la competición, por parte del Comité Olímpico Internacional, que aceptaba las conclusiones de Mallon y cerraba así un capítulo difuso de la historia olímpica moderna.

El historiador español Fernando Arrechea comenzó entonces las investigaciones sobre quién eran “Villota” y “Amézola”, de los cuales solo se sabía su apellido y su procedencia. Tras el estudio y búsqueda en diversos diarios locales de la época, Arrechea confirma que el nombre de “Villota, de Madrid” correspondía a  don Francisco Villota Baquiola (Madrid, 1873), hijo de ricos hidalgos de Mioño (Cantabria) y habitual organizador de eventos de pelota en la capital, además de uno de los co-fundadores del Atlético de Madrid. En su juventud estudió en Bilbao, donde conoció a su –histórica- pareja de pelota. Villota, uno de los dos primeros campeones olímpicos españoles murió en 1949. El otro, “Amézola”, resultó ser don José de Amézola y Aspizúa (Izarra, 1874), hijo de uno de los principales empresarios de la época, don José de Amézola Biriga. El poder adquisitivo de ambos justifica que pudieran viajar hasta París para ver la Exposición Universal y disputar sus concursos deportivos. “Amézola” falleció en 1922.

Piensen por un momento qué les gustaría ser antes de morir. Muchos tendrán grandes ilusiones y deseos. Si usted es deportista profesional, me juego a adivinarle que querría ser campeón olímpico. En 1900, José y Francisco no eran conscientes de lo que estamos hablando. En su tiempo, fueron a competir a una competición más. Allí se convirtieron en los primeros campeones olímpicos de la historia de España. Qué más da. Murieron sin saberlo. ©RELEVO

 

Rubén Martín Bravo

REDACTOR

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