18 DÍAS PARA PYEONGCHANG 2018

18
DÍAS PARA
PYEONGCHANG 2018

Bea Lara

Publicado el 10/1/2018 a las 14:30

TIEMPO DE LECTURA: 5 minutos

En el Paseo de la Fama de Hollywood se encuentra grabado en letras doradas el nombre de una estrella olímpica del patinaje que comenzó a triunfar en los Juegos Olímpicos de Invierno de St. Moritz 1928. Puede parecer fuera de lugar, ¿acaso no es un honor reservado a las figuras del cine, la radio, la televisión y la música más destacadas de su generación?

Cuando los focos deslumbraban a Sonja Henie (Oslo, 1912) podía encontrarse encima de un escenario, enfrente de una cámara o sobre el hielo. Fue superestrella adolescente antes de que siquiera existiera el concepto, y no fue por casualidad: su padre, campeón del mundo de ciclismo, puso empeño en que así fuera. Para ello, consiguió a los mejores para que su pequeña destacara; incluso Tamara Karsávina, fundadora de la Real Academia de Danza de Reino Unido, estuvo al servicio del talento de Sonja.

Su primer título como patinadora llegó cuando solo tenía 10 años -la edad mínima actual para participar en competiciones senior de la Unión de Patinaje Internacional (ISU) es de 15 años-, quedando en primera posición en el Campeonato Nacional de Noruega. Todas sus participaciones hasta 1929 en esa competición la llevaron a lo más alto del podio, dominando con soltura el panorama noruego durante 6 años consecutivos. Chamonix 1924 la vio deslizarse sobre el hielo de la competición, quedando en última posición de ocho participantes en la única prueba femenina de los primeros Juegos Olímpicos de Invierno.

El verdadero destape internacional de Sonja Henie se produjo en el Campeonato del Mundo de 1926, en el que quedó en segundo lugar demostrando que la edad es solo un número. A partir de 1927 ya no se descolgó el oro mundial hasta que, tras el Campeonato del Mundo de 1937, renunció a su carrera como aficionada y se convirtió en patinadora profesional: 10 años de dominio absoluto que, de momento, no han sido superados por ninguna patinadora. También deslumbró en Europa, consiguiendo primeros puestos desde 1931 hasta su retirada.

El hada de hielo

En su carrera como atleta, St. Moritz 1928 se convirtió en la confirmación olímpica de esta estrella del patinaje. Las participantes en la prueba se habían más que duplicado, llegando a ser veinte las competidoras por las medallas, de ocho países diferentes. Tras su actuación en Chamonix 1924, Sonja había evolucionado como patinadora: ya no necesitaba ir al borde de la pista para pedir a su entrenador instrucciones. Sonja cuenta en ese momento con 15 años, y en el programa corto sorprende a todo el mundo consiguiendo las mejores puntuaciones de parte de todos los jueces… menos de uno.

El programa libre que realiza dos días más tarde al ritmo de El lago de los cisnes de Tchaikovsky reinventa el patinaje artístico: una verdadera coreografía combinada con variedad de nuevos saltos ejecutada a enorme velocidad que le gana el apodo de El hada de hielo. Coronada por primera vez campeona olímpica, ganaría también el oro en dos ocasiones más -Lake Placid 1932 y Garmisch-Partenkirchen 1936- en una carrera olímpica todavía no igualada.

Aunque en la época de Henie el patinaje no necesitaba de tanta técnica y físico como actualmente –citius, altius, fortius-, Sonja ganó a todos por su estilo de ballet, sus figuras, sus piruetas y un enorme encanto personal que se materializaba en los hoyuelos de su sonrisa. Se le asigna el mérito de ser la primera en coreografiar sus programas, de utilizar por primera vez falda corta en patinaje artístico y ser una de las primeras patinadoras en utilizar botas blancas -le recordaban a la nieve en su tierra natal de Noruega, según dijo a la prensa-. Sin duda, transformó el patinaje y ayudó a que este se considerara como legítimo deporte olímpico.

Una gran mujer de negocios

“Quiero hacer con los patines [en las películas] lo que Fred Astaire está haciendo con el baile”, dijo en una ocasión Sonja Henie. Profesionalizar su magia con los patines le costaría su carrera deportiva -entonces no se permitía compaginar ambas facetas-, pero le haría ganar mucho dinero y popularizaría su imagen y su deporte a niveles insospechados.

Henie ya era increíblemente popular, hasta el punto de que la policía tenía que intervenir en sus apariciones públicas para controlar a su gran legión de admiradores. Tenía muy clara que su meta estaba en Hollywood, en el mundo del cine, y ella y su padre lucharon por cumplir un sueño que se concretó en un contrato con Twentieth Century Fox. Se convirtió en una de las actrices mejor pagadas del mundo. Su primera película, One in a million, fue un éxito que le dio más poder para negociar al alza su contrato y asegurarse el control creativo de los números de patinaje de sus películas.

La segunda de sus películas, Thin Ice, fue nominada a un Oscar a la Mejor Dirección de Baile por la Suite Prince Igor, en manos de Harry Losee. En 1939 estrenó como protagonista Second Fiddle, con la música del célebre Irving Berlin, y la película antifascista Everything Happens at Night, pese a que en algún momento se la acusa de simpatizante del régimen de Hitler. El musical Sun Valley Serenade (1941) -en España se lanzó como Tú serás mi marido– fue todo un éxito de taquilla, y su canción Chattanooga Choo Choo fue nominada a un Oscar.

It’s a Pleasure! (1945) fue su primer papel dramático, rodado en Technicolor, y demostró sus limitaciones como actriz dramática, además de ser menos exitosa que sus anteriores films. Por eso gran parte de sus papeles en Hollywood fueron en comedias musicales, pero siempre trabajó rodeada de algunos de los mejores de su época, tal era su tirón entre el público.

Otra de sus facetas como mujer de negocios fueron sus espectáculos en el hielo, al estilo de revista, que funcionaban en cierta manera como publicidad para sus películas… ¿O tal vez era al contrario? Sonja Henie puso el patinaje artístico en boca de todos los americanos: consiguió una multitud de interesados en el patinaje que acudían a sus innovadores espectáculos -nunca se había realizado un formato similar antes- e inspiró a toda una generación de patinadores sobre hielo.

Cuando murió de leucemia, en 1969, preparaba su regreso a la televisión en un especial donde habría bailado el Lara’s Theme de Doctor Zhivago. ©RELEVO

Grabado en 1928, justo tras los Juegos Olímpicos de Invierno de St. Moritz, en este vídeo podemos ver a Sonja, con solo 15 años, demostrar todo el potencial que explotó durante su carrera deportiva y artística.

TAMBIÉN PUEDE INTERESARTE

Enviar comentario

Únete a la lista de correo de RELEVO
y entérate de todas nuestras novedades