¿Qué fue de aquellas preolímpicas que jugaban a las muñecas?

Elisa Cabello recupera la memoria de las integrantes del Plan de Promesas de la Federación Española de Gimnasia en Hijas del sueño olímpico.

Imagen superior del equipo de promesas en 1973.
Fila de arriba, de izquierda a derecha: Pilar Aristu, Dolores Tello, Dolores Navarro, Milagros Fernández e Isabel Barbero.
Fila de abajo, de izquierda a derecha: Elisa Cabello, Mercedes Vernetta, Esperanza Navarro y Amalia García.

Imagen de gimnastas.net.

¿Qué fue de aquellas preolímpicas que jugaban a las muñecas?

Elisa Cabello recupera la memoria de las integrantes del Plan de Promesas de la Federación Española de Gimnasia en Hijas del sueño olímpico.

Imagen superior del equipo de promesas en 1973.
Fila de arriba, de izquierda a derecha: Pilar Aristu, Dolores Tello, Dolores Navarro, Milagros Fernández e Isabel Barbero.
Fila de abajo, de izquierda a derecha: Elisa Cabello, Mercedes Vernetta, Esperanza Navarro y Amalia García.

Imagen de gimnastas.net.

Bea Lara
@LilMuse92
Publicado el 12/10/2017 a las 18:00

TIEMPO DE LECTURA: 10 minutos

Mientras la calle Barquillo de Madrid empezaba a hacer honor a su sobrenombre, “la calle del sonido”, y las tiendas de componentes electrónicos, imagen y sonido empezaban a abrir en ambas aceras -ahora solo quedan unas pocas-, tras las puertas del número 16 de la castiza vía se ponía en marcha un ambicioso plan de mano de la Federación Española de Gimnasia (FEG). El ciclo olímpico de México ‘68 había sido un desastre para la gimnasia española: nadie participó en los Juegos. Pero la FEG estaba dispuesta a revertir la situación y tenía una hoja de ruta: el Plan de Promesas.

“El primer reportaje que nos hicieron lo titularon ‘Las preolímpicas juegan a las muñecas’,  ¡imagínate lo pequeñas que éramos!”. Elisa Cabello (Alcalá de Guadaira, 1957) fue una de las jóvenes promesas escogidas por la FEG para tomarse verdaderamente en serio las opciones patrias en Múnich ‘72. Otras compañeras en este viaje preolímpico fueron Amalia Navas, Pilar Expósito, Amalia García, Fabiola Fiances… Todas eran verdaderamente niñas -Elisa tenía entonces 12 años recién cumplidos- que fueron becadas por la FEG y trasladadas desde sus ciudades de origen (Valencia, Barcelona, Sevilla) a la capital española, lejos de sus familias y con el curso ya empezado, para someterse a un plan de entrenamientos de mano de la entrenadora búlgara Swetana Stancheva. Estaban llamadas a ser hijas del sueño olímpico.

La exgimnasta olímpica Elisa Cabello sentía que el olvido había caído sobre sus esforzadas compañeras que no consiguieron cumplir el objetivo de acudir a los Juegos Olímpicos: “Cuando Pepe Díaz, autor del libro Deportistas andaluces en los Juegos Olímpicos, incluyó mi biografía en su obra, fui consciente de lo poco que se tenía en cuenta a aquellas gimnastas, compañeras mías y pioneras de mi deporte, que, a pesar de luchar por llegar a cumplir el sueño olímpico, no lo consiguieron. Desde ese mismo instante consideré importante homenajear a todas ellas.

“Fui consciente de lo poco que se tenía en cuenta a aquellas gimnastas, compañeras mías y pioneras de mi deporte. […] Desde ese mismo instante consideré importante homenajear a todas ellas”

Elisa se puso manos a la obra cuando empezó a realizar su doctorado, con la intención de que su tesis contara la historia de sus compañeras olvidadas: “En mi época lo dejabas todo y te dedicabas solo a entrenar, así que tuve que estudiar… ¡años más tarde!” Tenía 45 años cuando se puso a estudiar: “En mi época deportiva no era como ahora, que los estudios son también importantes y se realizan de modo paralelo a la vida deportiva.” Pero nunca es tarde, y Elisa entendió el tema de su tesis como una forma de justicia hacia las vivencias de sus compañeras y las suyas propias: “Este trabajo significa escribir la historia de mi deporte; algo que, a mi entender, resulta importante en el ámbito académico y deportivo, pues tanto la recuperación histórica como otras circunstancias que trato en esta obra no han sido abordadas por la bibliografía.” Ahora esa tesis se ha convertido en un libro, Hijas del sueño olímpico, que acaba de conseguir el objetivo de su crowdfunding con la editorial Libros.com.

Las condiciones en las que se forja una familia de pioneras

La falta de promoción y visibilidad del deporte femenino y de la gimnasia en España en los años 60 dejaba a estas jóvenes gimnastas huérfanas de referentes: “Nosotras, mi equipo, pensábamos que éramos las primeras en conseguir participar en eventos importantes. Apenas conocíamos a gimnastas españolas”, reconoce Elisa. “Al llevar a cabo esta investigación me llevé la sorpresa de que en los JJOO de Roma ‘60 ya participó un equipo español femenino y masculino.” Pero las motivaciones no entienden de referentes, y ellas creaban las suyas propias: “Querer llegar a unos JJOO y hacer todo lo posible para lograrlo”, asegura la exgimnasta que eran sus alicientes.

Las integrantes del Plan de Promesas se convirtieron en una pequeña familia en los 8 años -dos ciclos olímpicos completos- que convivieron y entrenaron juntas: “Nuestra relación fue muy similar a las que tienen las hermanas. En la actualidad aún seguimos reuniéndonos como mínimo una vez al año”, explica Cabello. En ello influyó no solo el trabajo que desarrollaban juntas, sino el hecho de que en la residencia donde se alojaban, en Barquillo 16, convivían con chicas adultas, lo cual las unió más: “Es evidente que nuestras edades y necesidades no tenían nada en común con las chicas mayores alojadas en la residencia, pues la mayoría trabajaba, mientras que nosotras compartíamos nuestro tiempo y juegos bajo la tutela de una institutriz”, cuenta Elisa Cabello en el adelanto de Hijas del sueño olímpico.

Elisa Cabello, en el centro de la imagen, durante sus años como deportista.

“Pensábamos que éramos las primeras en conseguir participar en eventos importantes. Apenas conocíamos a gimnastas españolas”

“Actualmente las gimnastas también se ven obligadas a dejar sus ciudades o familias, pero de forma gradual se ha ido consiguiendo la igualdad de género y ellas pueden compartir con los hombres, por ejemplo, la residencia Blume.” No solo la residencia que compartían Elisa y sus compañeras no era la más adecuada a sus necesidades; tampoco los planes de estudio de las jóvenes promesas se adaptaban a su realidad. Las circunstancias de los deportistas han cambiado mucho desde el desarrollo del Plan de Promesas, como comenta Elisa: “Ahora las deportistas de alto nivel tienen adaptados los horarios escolares a los entrenamientos, y el instituto lo tienen en la misma residencia en la que viven”, reflexiona la exgimnasta. “En nuestro caso, tuvimos que cumplir con los horarios escolares establecidos y jamás nos convalidaron o adaptaron el currículo educativo.” Así, no es de extrañar que, ya el primer año en el que Plan de Promesas estuvo en marcha, las notas de las jóvenes promesas de la gimnasia se resintieran: “Al finalizar el mismo, muchas comprobamos que el cansancio físico provocado por los entrenamientos diarios y las escasas horas de estudio habían repercutido de forma negativa en las notas escolares”, relata Elisa en el adelanto del libro.

Además de con la difícil convivencia en la residencia, el duro trance de estar lejos de sus seres queridos y con la rigidez de los currículos escolares –“Personalmente prefiero que las muchachas estén preparadas primero, humanamente, y, luego, físicamente. La que quiera llegar a la Olimpiada tendrá que estudiar y eso deberá verse en las notas”, declaraba al respecto el Presidente de la FEG en el Diario Ya -, las jóvenes gimnastas se encontraban con otro tipo de dificultades, más relacionadas con las instalaciones de entrenamiento: “Actualmente las instalaciones del CAR están dotadas de todos los avances necesarios para entrenar con seguridad, técnica y todos los cuidados médicos necesarios. Nuestra situación fue por completo diferente… Eso sí, faltaba de todo menos ilusión y coraje”, recuerda Elisa Cabello.

Al preguntarle respecto a la categoría de los entrenamientos, Elisa nos dibuja todo un cuadro: “Las condiciones no eran las más adecuadas a la hora de entrenar porque faltaba espacio. Entrenábamos muchos equipos juntos: masculino, cama elástica… El número de aparatos fue insuficiente, no teníamos el foso de seguridad (importantísimo para conseguir un buen nivel acrobático sin riesgos), las colchonetas había que compartirlas y no sobraban…” Pero, al ponerlo sobre el contexto, Elisa apunta: “No obstante, hay que reconocer que, en aquellos años, era lo mejor que había en España.” Las condiciones distaban mucho de las ideales, y de las que podían encontrarse en otros países europeos: “A nivel europeo estas deficiencias no las encontrabas. Nos sacaban mucha ventaja en todos los sentidos, mucha”, recuerda Elisa.

“Las condiciones no eran las más adecuadas a la hora de entrenar. […] Hay que reconocer que, en aquellos años, era lo mejor que había en España”

Con este duro panorama, las pequeñas gimnastas entrenaron, pero no todas cumplieron el sueño de ser olímpicas: “los condicionantes que afectan son, entre otros: las lesiones, que tu mejor momento de forma coincida con este maravilloso evento y que mantengas la ilusión a lo largo de muchos años de intenso esfuerzo y sacrificio”, señala la exgimnasta. “Ten en cuenta que la mayoría fuimos alejadas de nuestras familias, ciudades, colegios, amigos y entrenadores. A todo esto, ¡hay que sumarle el factor suerte!”

Las hijas del sueño olímpico que llegaron al objetivo

Elisa recuerda con tristeza la decepción que le supuso no poder competir en Múnich ‘72, pero no es el único momento que rememora con pena: “Todos aquellos campeonatos importantes en los que las lesiones no me permitieron cumplir mis metas, como por ejemplo, el Campeonato de Europa del 73, etc.” Pero Montreal ‘76 fue su momento, la cita en la que cumplió su objetivo: participar del sueño olímpico. Al acudir, se convirtió en la primera deportista andaluza en ser olímpica. Sin embargo, también recuerda con alegría y cariño otro momento de su carrera deportiva: “Los triunfos conseguidos en los Juegos del Mediterráneo del 75 en Argel: segunda por equipo, segunda en la general, primera en paralelas, tercera en suelo…”

Tras Montreal ‘76, Elisa Cabello dejó la gimnasia competitiva: “Fueron muchos años de aquí para allá y, después de cumplir mi sueño olímpico, pensé que había llegado el momento de recuperar a mi familia y empezar a entrenar a futuras gimnastas.” Solo tenía 19 años, muy lejos de lo que ahora se considera una gimnasta mayor: “Hoy por hoy vemos que la vida de las gimnastas se alarga más. En aquella época, incluso hasta hace más bien poco, una gimnasta con 19 años era ‘vieja’. En esto, aunque sea otra disciplina, Almudena Cid en rítmica marcó un antes y después: se mantuvo en la élite, fue a cuatro citas olímpicas y se retiró con 28 años.”

La exgimnasta aún tenía mucha vida por delante cuando dejó la gimnasia competitiva, pero no se apartó del deporte que la había llevado hasta ahí: “Continué vinculada a mi deporte, ya que, en 1977, la FEG me contrató como entrenadora. Hasta 1989 estuve llevando el equipo nacional y formando parte del equipo técnico de esta federación. También ejercí de juez nacional e internacional y di cursos en la Escuela Nacional de Entrenadores.” Después llegó el momento de los estudios: “Me licencié en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte e hice el doctorado, aunque me quedé doctorando porque solo defendí el Diploma de Estudios Avanzados.” Elisa también ha sido docente en la Universidad Autónoma de Madrid y actualmente es profesora de Educación Física en el Colegio Ntra. Sra. Santa María en Madrid.

“La evolución gimnástica española ha sido imparable. Pero a partir del ciclo olímpico de Pekín ‘08 sufrió un estancamiento […] no sé exactamente qué puede estar pasando para que los resultados hayan bajado tanto.”

Actualmente está desvinculada del deporte de alto nivel, aunque seguro que la experiencia de recopilar su memoria y la de sus compañeras en Hijas del sueño olímpico le ha hecho recordar muchos momentos y detalles de sus años como deportista de élite. Cuando le preguntamos sobre la actual situación de la gimnasia en España, Elisa Cabello nos contesta: “Desde 1977, año en el que empecé como entrenadora, la evolución gimnástica española ha sido imparable. Pero a partir del ciclo olímpico de Pekín ‘08 sufrió un estancamiento, y cada vez ha ido empeorando más. Hasta ese momento España había participado por equipos en todos los JJOO desde Los Ángeles ‘84. Actualmente, esto ha cambiado mucho, porque en Londres ‘12 y Rio ‘16 tan solo se clasificó una gimnasta, y creo que tres en Pekín…”, nos indica Elisa [desde RELEVO comprobamos que son dos]. “Me recuerda mucho a mi etapa como gimnasta, ya que en Múnich ‘72 solo fue Pepita Sánchez, en Montreal ‘76  fuimos Mercedes Vernetta, Eloísa Marcos y yo misma, y en Moscú ‘80 fueron Gloria Viseras, Irene Martínez y Aurora Morata. La verdad es que en estos momentos  sigo la gimnasia como una aficionada más, no sé exactamente qué puede estar pasando para que los resultados hayan bajado tanto.”

Sea a lo que sea debido, las gimnastas españolas ahora sí que tienen referentes y, gracias a Hijas del sueño olímpico, ellas y todos los aficionados a la gimnasia y el deporte olímpico podrán comprobar la evolución de la gimnasia española más allá de los nombres de aquellas que consiguieron cumplir el sueño y disputar unos Juegos Olímpicos. ©RELEVO

Magnífico documental emitido por Televisión Española en 1973 sobre la selección nacional de gimnasia artística femenina.

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