Los Juegos que nadie quiere acoger

La elección de la sede de los Juegos Olímpicos de 2024 está cuestionando los pilares del movimiento olímpico. De las cinco ciudades que fueron nombradas candidatas a finales de 2015, apenas quedan dos en la carrera: París y Los Ángeles. La decisión final, el mes de septiembre en Lima.

Los Juegos que nadie quiere acoger

La elección de la sede de los Juegos Olímpicos de 2024 está cuestionando los pilares del movimiento olímpico. De las cinco ciudades que fueron nombradas candidatas a finales de 2015, apenas quedan dos en la carrera: París y Los Ángeles. La decisión final, el mes de septiembre en Lima.

Alejandro Diago
@alejandrodiago
Publicado el 03/03/2017 a las 12:00

TIEMPO DE LECTURA: 10 minutos

Cuando Thomas Bach se suba al estrado del Centro de Convenciones del Hotel Westin Libertador de Lima a pronunciar las palabras mágicas “A la ciudad de…”, habrá acabado un proceso que ha generado bastantes quebraderos de cabeza al presidente del COI. La elección de la sede los Juegos Olímpicos de 2024 se ha convertido en un tema que ha torpedeado y debilitado los cimientos del mayor evento deportivo del planeta. El sueño olímpico se ha convertido en pesadilla para muchas ciudades meses después de acabar. Y los ayuntamientos de las grandes ciudades no desean ya acoger la cita olímpica.

Esta negativa a los Juegos no es nueva. Tan solo tres años antes, el COI ya tuvo problemas para conceder los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022. De las seis ciudades que presentaron interés (Pekín, Almaty, Oslo, Estocolmo, Cracovia y Lviv), tres se retiraron de la carrera antes de ser nombradas candidatas; y fue Oslo la que se retiró de la carrera olímpica a un año de la elección en Kuala Lumpur. La pelea final entre la capital china y la ciudad kazaja se decantó del lado chino, pero dejó en evidencia los problemas de la Agenda 2020 que quiere llevar a cabo el COI.

Uno de los principios marcados en la Agenda 2020 es el de reducir el coste de estas candidaturas olímpicas. Tras la deriva que había tomado a principios del siglo XXI la carrera olímpica, en la que las ciudades candidatas que no albergaban los Juegos entraban en una vorágine imparable de gasto, una de las primeras recomendaciones que implantó Thomas Bach fue hacer que estas candidaturas fueran lo más sostenibles posibles. Un objetivo que de momento no se está consiguiendo. La ‘cara B’ que dejan los Juegos Olímpicos gusta cada vez menos a los habitantes de las metrópolis que optan por acogerlos, y se está convirtiendo en costumbre la renuncia de grandes ciudades a cobijar la cita olímpica.

2024. Una carrera marcada por los abandonos

El camino a la cita olímpica de 2024 comenzó en el verano de 2015. En un primer momento, varias ciudades mostraron su interés por acoger los Juegos Olímpicos de 2024. La elección de Tokio dos años antes abría la puerta a que las grandes urbes europeas apostaran por candidaturas sabiendo que tendrían grandes opciones de conseguir la organización de los Juegos. Finalmente fueron Hamburgo, Roma, Budapest, París y Los Ángeles las cinco ciudades nombradas candidatas por el COI para competir por este evento.

Hamburgo estaba vista como una de las rivales que podría dar la sorpresa a las dos grandes favoritas: París y Los Ángeles. La decisión del DOSB (Comité Olímpico Alemán) de presentar como candidata a la capital del Elba por encima de Berlín hacía pensar que Hamburgo bien podría ser el tapado de la carrera olímpica. Su experiencia acogiendo eventos deportivos de primer nivel, así como el nivel de sus instalaciones e infraestructuras, eran algunos de sus principales activos. No obstante, la decisión de seguir con la candidatura estaba vinculada a un referéndum popular a finales de noviembre de 2015. La victoria del ‘no’ en la votación terminó con el sueño olímpico de Hamburgo.

Con Hamburgo fuera de la carrera olímpica, 2016 comenzaba con cuatro ciudades en la lucha. Roma había confiado su proyecto olímpico a una de las mentes más brillantes en cuanto a organización y gestión deportiva se refiere en Italia: Luca di Montezemolo. El antiguo mandamás de Ferrari se embarcó en la aventura olímpica con el deseo de traer de nuevo la cita olímpica a la Ciudad Eterna. Un ambicioso plan de renovación de infraestructuras, unido al uso de enclaves reconocidos a nivel mundial como el Circo Máximo, el Foro o las Termas de Caracalla, eran las bazas de la candidatura romana. Un proyecto que contaba con apoyo del Vaticano (se especulaba con un posible uso de la residencia veraniega papal de Castel Gandolfo para eventos durante los Juegos), y del primer ministro del país, Matteo Renzi.

Con el apoyo gubernamental, todo parecía ir sobre ruedas para la candidatura italiana. Pero el cambio de gobierno en la Alcaldía de Roma dio un giro a los acontecimientos. El nombramiento de Virginia Raggi como nueva alcaldesa (perteneciente al Movimento 5 Stelle) hizo que desde el consistorio romano se cuestionara cada vez más la idoneidad de presentar una candidatura cuando la ciudad arrastraba una situación de crisis financiera. Finalmente, a pesar de los esfuerzos de la administración Renzi, la propia alcaldesa canceló el proyecto en el mes de septiembre del año pasado.

La última de las ciudades en presentar su renuncia ha sido Budapest. La capital húngara era la candidata que menos opciones tenía de conseguir los Juegos, pero se ha mantenido en la lucha hasta hace unas semanas. Un proyecto que tuvo que hacer frente a varios factores. Por un lado, la necesidad de una fuerte inversión pública, ya que varias de las infraestructuras propuestas están pendientes de renovación o construcción. Por otro, el escaso apoyo popular a la candidatura por parte de todos los sectores del país.

Pese a que el presidente Viktor Orban no se cansaba en presentar los beneficios de poder acoger estos Juegos, la población cada vez se mostraba más recelosa hacia ellos. Tal fue la situación, que la recogida de firmas para organizar un referéndum que determinara si seguir adelante o no con la candidatura fue el detonante para que, hace apenas unas semanas, los responsables magiares decidieran poner el punto y final a la candidatura, dejando la carrera olímpica en un cara a cara entre París y Los Ángeles.

La majestuosidad parisina como mejor activo

París llega a esta carrera con uno de los mejores proyectos que se han presentado en los últimos años. Los responsables de la candidatura francesa han aprendido de los errores que les costaron la derrota en el último minuto ante Londres en 2005, y presentan una candidatura en la que unen la vanguardia de las infraestructuras con la tradición de una ciudad milenaria. Al frente de la candidatura está nada menos que una de las leyendas del deporte francés: Tony Estanguet. El triple campeón olímpico en slalom en aguas bravas es el máximo responsable de la candidatura gala, que incluye en su organigrama a deportistas franceses de primer nivel.

Un proyecto que se fija mucho en otras citas olímpicas que transformaron ciudades. Los casos de éxito de Barcelona o Sydney son referencia para una París que asegura competir hasta el último minuto para conseguir los Juegos Olímpicos. Para ello, cuentan con el apoyo de varias de las empresas privadas más importantes de Francia, que se han unido a la candidatura de París en busca del sueño olímpico.

Y es que el mayor activo del plan de París reside en el uso de algunos de los recintos más célebres del deporte mundial. El Stade de France sería la sede del atletismo: las pistas de Roland Garros acogerían el tenis y las finales de balonmano; en el Parque de los Príncipes se disputaría el torneo de fútbol, incluyendo sus finales; y el mítico Palais Omnisports de Paris-Bercy albergaría el judo y el torneo de baloncesto.

Estos Juegos, además, quieren salir a las calles de París y tener como escenarios algunos de los monumentos más famosos de la ciudad. Ejemplo de ello es el Campo de Marte, a los pies de la Torre Eiffel, que acogerá el vóley playa. Pero también el río Sena será protagonista. La idea de hacerlo navegable permitirá que se disputen las pruebas de triatlón y natación en aguas abiertas. Más escenarios reconocibles como el Palacio de Versalles, el Jardín de las Tullerías o Los Inválidos son las bazas del proyecto parisino.

Todo esto aporta gran fortaleza a la candidatura parisina. Pero también hay varios aspectos que pueden jugar en su contra. Los ataques terroristas que ha sufrido Francia en los últimos años pueden restar opciones a la candidatura francesa. Además, el elevado coste de algunos de los proyectos está generando grandes críticas hacia la alcaldía de la capital gala. Por otra parte, el panorama político no tiene por qué considerarse un elemento que pueda afectar  de forma negativa a la candidatura parisina, ya que la mayoría de los líderes políticos galos -incluida Marine Le Pen- apoyan la candidatura francesa. Un elemento de unión que va a ser una fortaleza necesaria ante un rival como Los Ángeles.

Unos Juegos de película en la Ciudad de las Estrellas

Cuando la ciudad californiana acoge unos Juegos Olímpicos, suele ser significado de innovación y progreso. La cita de 1984 ya nos dejó algunas de las imágenes más memorables en la historia del olimpismo, y el proyecto angelino no quiere dejar pasar un activo como ese. Unir el pasado glorioso de Los Ángeles con una idea que hará crecer aún más la ciudad es el principal tema de la candidatura californiana. Un proyecto que cuenta entre sus principales rostros con algunas de las figuras más relevantes del deporte mundial como Earvin ‘Magic’ Johnson. El legendario jugador de los Lakers es uno de los máximos responsables de la candidatura norteamericana, junto con Janet Evans. La gran nadadora estadounidense se ha volcado en el proyecto para traer los Juegos a su casa.

La idea de Los Ángeles de unir pasado e innovación se ve reflejada en una de las ambiciones del proyecto estadounidense. Ceremonias de apertura y clausura en dos estadios diferentes. Mientras que la ceremonia de apertura se realizaría en un nuevo estadio en Hollywood Park, la clausura tendría lugar en el Memorial Coliseum de la ciudad. Una propuesta rompedora que refleja el espíritu de la candidatura, que no deja de lado algunos recintos históricos. El Fórum de Inglewood acogería las pruebas de gimnasia, el Staples Center, la competición de baloncesto y el Rose Bowl de Pasadena, los partidos de fútbol.

Los Ángeles es también la ciudad de las estrellas y del espectáculo. Y los Juegos serían el reflejo de ello. Prueba de ello es que el Teatro Microsoft, sede habitual de la entrega de los Premios Emmy, acogería las pruebas de halterofilia; y los Estudios Universal albergarían el Centro Internacional de Prensa. Una vertiente que se une a la de ciudad con un gran legado deportivo. Las universidades que se ubican en Los Ángeles serían parte activa de estos Juegos. La UCLA y la USC serían dos de los centros que ofrecen sus instalaciones para esta gran cita.

No obstante, no todo son parabienes para la candidatura angelina. Si bien el apoyo político de Donald Trump es total (fue relevista de la antorcha olímpica en Atenas 2004 y su relación con el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, es de estrecha colaboración), las decisiones políticas de la administración Trump han generado controversia, especialmente la del veto de entrada a ciudadanos de determinados países. Esto ha provocado que algunos deportistas de esos países no hayan podido entrar a competiciones en suelo estadounidense y haya tenido que mediar el USOC (Comité Olímpico de EEUU) para permitir la entrada a estos atletas. A nivel financiero, la candidatura se ha preocupado de que no existan desequilibrios y depender lo menos posible del capital público.

Como añadido, el proyecto angelino cuenta también con un apoyo importante. La cadena estadounidense NBC firmó en 2014 con el COI un gran acuerdo económico por valor de 7.650 millones de dólares gracias al cual la cadena televisiva mantendrá los derechos de los JJOO hasta el año 2032. Este hecho puede decantar la balanza hacia Los Ángeles en la votación final en Lima.

Dos ciudades con tradición y legado olímpico

Tanto París como Los Ángeles son conscientes de la importancia de la cita olímpica y ofrecen proyectos acordes con la importancia de unos Juegos. La capital francesa ya acogió la cita en 1900 y 1924. Si bien en la primera ocasión, la organización de la Exposición Universal relegó a un segundo plano la cita olímpica (incluyendo un despropósito de fechas que prolongó la celebración de pruebas hasta cuatro meses), en 1924 los Juegos de París vieron cómo se construyó la primera Villa Olímpica en una cita recordada por la aparición de figuras como Harold Abrahams, Eric Lidell o Johnny Weismuller.

La ciudad californiana también ha vivido en dos ocasiones la gran cita olímpica. Fue en 1932 cuando los Juegos llegaron por primera vez a Los Ángeles. Una cita marcada por la profunda crisis económica producida tras el “crack” de 1929 y que dejó un nombre propio: Babe Didrikson, una de las primeras estrellas femeninas del atletismo mundial. 52 años después, los Juegos regresaron a Los Ángeles en un ambiente marcado por la Guerra Fría, pero que no deslució a los deportistas participantes en él. Carl Lewis fue la viva imagen del triunfo estadounidense en aquellos JJOO.

Ambas metrópolis están a tan sólo un paso de volver a conseguir la organización de unos Juegos Olímpicos, una cita que han querido acoger en varias ocasiones. Si la capital francesa ha presentado seis veces candidatura (siendo algunas de sus derrotas más sonadas en las que competía contra metrópolis como Barcelona o Londres), han sido nueve ocasiones en las que Los Ángeles ha querido organizar unos Juegos. Las dos ciudades presentan proyectos ambiciosos capaces de acoger unos Juegos de forma sobresaliente. La decisión final, en septiembre de este año. ©RELEVO

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