Alejandro Diago

Publicado el 18/1/2018 a las 17:30

TIEMPO DE LECTURA: 6 minutos

En 1972, los españoles apenas teníamos conocimiento de los deportes de invierno. El recuerdo a esas disciplinas venía gracias a documentales del NO-DO y a algunas pruebas sueltas que emitía TVE de vez en cuando. Sin embargo, todo cambió cuando en la mañana del jueves 13 de febrero de ese mismo año llegó la victoria de un chico de Cercedilla en la prueba de eslalon, en lo que suponía el primer (y hasta el momento único) oro olímpico español en unos Juegos Olímpicos de Invierno.

Es en la localidad madrileña donde empieza la historia de Francisco Fernández Ochoa. Siendo el mayor de ocho hermanos, el esquí estaría ligado a él desde bien pequeño, siendo su padre conserje de la escuela de esquí de Navacerrada. Aunque Paquito tenía mucho respeto a las montañas de niño y tenía temor a lanzarse. Su hermano Juan Manuel, recordó a El Confidencial cómo fueron los inicios de Paquito en el esquí.

“Había una ladera muy empinada al lado de casa, en Navacerrada, y el tío Manolo se llevaba a Paco al borde y lo tiraba para abajo. Cuando Paco protestaba, Manolo lo tenía claro: ‘O te tiras o te doy dos hostias’. Claro, aprendió porque no tuvo más remedio, pero está claro que el método, aunque poco ortodoxo, funcionó”.

Los primeros trofeos y la primera aparición olímpica

Y claro que funcionó. Porque Paquito poco a poco iba destacando en las competiciones nacionales y batiendo a todos los rivales de su edad. Hasta que una victoria en el Gran Premio de Andorra en categoria juvenil le abrió las puertas del equipo nacional promesa. Allí siguió cosechando títulos hasta llegar a proclamarse campeón de España absoluto en eslalon, gigante y combinada en 1966. La promesa era ya realidad del deporte español y estaba dispuesta a afrontar nuevos retos.

Unos retos que llegaron dos años después, en sus primeros Juegos Olímpicos de Invierno. Paquito fue uno de los integrantes de la delegación española que viajó a la cita en Grenoble, en 1968. Una delegación de 20 atletas, pero en la que no pudo llegar ninguna medalla. Paquito apenas pudo firmar un 23º puesto en el eslalon y sendos 38º puestos en el eslalon gigante y en el descenso. El deporte español de nieve tendría que esperar aún más para lograr una medalla.

Sapporo, las puertas de la gloria

Cuatro años fueron los que tuvo que esperar el esquí español para escribir una de las páginas más bellas de su historia. Sería en la localidad de Sapporo, en Japón. Allí, el destino le tenía reservado a Paquito su momento más glorioso: la medalla de oro en el eslalon. Era el 13 de febrero de 1972, y en las faldas del Monte Taine, el español iba a realizar una de las mejores actuaciones en unos Juegos blancos.

Con los hermanos Thöni (Gustav y Roland) como grandes favoritos de la competición, el español realizó un excelente descenso en la primera manga, parando el cronometro en 55 segundos y 36 centésimas. Un tiempo que le colocaba líder a expensas de lo que ocurriera en la segunda manga, donde el italiano Gustav Thöni fue líder.Sin embargo, el tiempo de Paquito en la segunda bajada sólo fue superado por el italiano, lo que le valió para conservar el primer puesto y certificar la medalla de oro.

La alegría voló rápido desde Sapporo hasta Cercedilla, donde toda la familia Fernández Ochoa se reunió para ver la carrera de Paquito en una jornada histórica. El pueblo madrileño estalló de alegría tras confirmarse el título olímpico de Fernández Ochoa y las campanas de la iglesia de la localidad repicaron durante toda la mañana. No era para menos. La aventura de uno de sus paisanos había terminado con el final soñado.

Capa y sombrero para recoger la medalla

Y eso que la aventura en Sapporo comenzó varios días antes, con un desfile inaugural en el que la delegación española improvisó un atuendo muy patrio para salir con el resto de atletas: una capa española y un sombrero cordobés. Así se lo reconocía el propio campeón olímpico a Juan Manuel Gozalo y Fernando Olmeda en el libro Españoles de oro. Cien años de medallas olímpicas.

“Se le ocurrió a Aurelio (García)… Con lo del Movimiento y todo el lío, nos habían equipado con un traje gris marengo, camisa azul, zapatos negros, un abriguito azul y un gorro tirolés. Y hablando entre nosotros, dijimos: ¿Por qué un gorro tirolés? Nada, nos llevamos una capa española y un sombrero cordobés. Nos lo pagamos nosotros, con nuestro dinero. Los cinco (del equipo olímpico español).”

Ese atuendo le iba a servir para recoger la medalla. La imagen de Juan Antonio Samaranch entregando la medalla a un Francisco Fernández Ochoa vestido con la capa y el sombrero cordobés quedó registrada para todo el planeta. Y eso que casi no llegan a recoger la medalla, porque Paquito se olvidó la acreditación al ir a ducharse y la seguridad no le dejaba pasar. Tuvo que ser un miembro de la organización quien llevó al español hasta el podio.

Una vida dedicada al esquí

La vida de Paquito cambió al volver a España considerado como un héroe nacional de un país que vivía las hazañas en blanco y negro. Pero Paquito no cambió de forma de ser por ganar el oro. El esquiador siguió con su carrera y demostrando que su día a día no cambiaba por ganar una medalla. Tras ser abanderado en los Juegos Olímpicos de Múnich en ese mismo año, dos años después, en 1974, logró la medalla de bronce en el Campeonato del Mundo en Saint Moritz, en Suiza. E incluso llegó a disputar dos Juegos más: Innsbruck 1976 y Lake Placid 1980.

Tras su retirada, Paquito se volcó en ayudar a las instituciones deportivas de este país. Gran amigo del Rey Juan Carlos (fue su instructor de esquí), Fernández Ochoa siguió ayudando a los organismos deportivos de este país en general, y al esquí en particular, apoyando incondicionalmente la candidatura de Sierra Nevada al Mundial de Esquí de 1995, que logró, aunque tuvo que disputarse un año después por la falta de nieve. Pero no sólo siguió trabajando por el deporte español, sino que tuvo tiempo para disfrutar de sus aficiones, entre ellas los toros (donde participó en festivales taurinos benéficos) y el Real Madrid.

Ejemplo de lucha contra el cáncer

El campeón olímpico falleció en 2006 al no poder superar un cancer linfático. No obstante, pudo recibir el homenaje de su gente de Cercedilla apenas unas semanas antes de decir adiós.  Un homenaje al que no faltó nadie y en el que todo el mundo le demostró el cariño y la admiración que sentían por uno de los deportistas más grandes de la Historia de España. Y Paco respondió como mejor sabía, con humor y buen ambiente pese a que ese cáncer cada vez era más duro.

Porque Francisco Fernández Ochoa demostró que al cáncer hay que afrontarlo con valentía, ganas y sin perder la sonrisa. Un elemento que recordó cariñosamente su hermano Juan Manuel a El Confidencial. “Fue un ejemplo para todos, nos enseñó a afrontarlo. Incluso el día del homenaje en Cercedilla hubo que inyectarle morfina diez minutos antes, pero él nunca dejó de ser Paquito”. Único. El único campeón olímpico español en deportes de invierno. ©RELEVO

Maravillosas imágenes oficiales en color con la bajada completa de Fernández Ochoa tras la que consiguió el oro en Sapporo 1972.

Vídeo del Comité Olímpico Internacional.

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