Óvalos de gloria

Con el Campeonato de Europa de Ciclismo en Pista recién terminado y los Seis Días de Londres aún en ebullición hasta el domingo, repasamos la historia de esta modalidad ciclista y sus diferentes competiciones.

Te subes en la bicicleta. Transitas por la ciudad absorto. El cambio ha sido notable en los últimos treinta años. ¡Quién se lo iba a decir a Hindenburg! Y más a este lado de la urbe, donde la renovación se abre paso entre la decadencia. Hace frío. Arrecia el invierno. En el punto señalado, no encuentras lo que buscas. No hay magnificencia. No hay ecos victoriosos lejanos. No hay orgullo prusiano. Sin duda te encuentras en Berlín. Vieja capital arrasada. Pantanosa metrópolis dividida. El símbolo de lo que fue una herida en el corazón de Europa con un casi inexpugnable apósito de hormigón incrustado en su carne. El edificio debería estar ahí, junto a la estación de Lansberger Allee. Desmontas de la bicicleta y subes un discreto talud con escalones. Al final de la escalinata, la gloria. Al final de la ascensión, el misterio. Un misterio enterrado.

Puede que sea uno de los secretos urbanísticamente mejor guardados de esta ciudad-estado. Un milagro. Inscrita en un rectángulo perfecto, al abrigo de calles con el nombre de un poeta de origen judío y un miembro de la Resistencia, la gloria aparece hundida. Recatada. El francés Dominique Perrault diseñó aquí el velódromo moderno y la nueva gran piscina de la ciudad. Los hizo emerger apenas tres metros del suelo en un discreto y modesto parque elevado. Tímidos. Respeto con el entorno, recogimiento para el triunfo. Antaño se denominaban olímpicos, pues formaban parte de la ilusión por repetir en 2000 la XI Olimpiada sin el retumbar nazi de fondo. De renovar el recuerdo de lo que el III Reich mancilló y Jesse Owens, entre otros, iluminó y salvó de la ignominia. No pudo ser.

Velódromo de Berlín.

Imagen de VeloMax (Sebastian Greuner).

Sin embargo, este velódromo ha vuelto a representar nuevas ilusiones deportivas de nivel para la ciudad. En pleno Prenzlauer Berg -ayer barrio alternativo, hoy perfecto nido aburguesado- se acaban de disputar los Campeonatos de Europa de ciclismo en pista. Esto nos da pie para no bajarnos del velocípedo y rememorar la historia y principales hitos de esta disciplina.

¿Se puede acotar el esfuerzo?

Estrategias de carrera dignas de campañas militares; extenuantes esfuerzos contra un cronómetro implacable e indesmayable; ascensiones a cimas montañosas tejidas a cámara lenta, con la única ambición de demostrar los límites del ser humano sin sobredosis de química. Sobre dos ruedas y un sillín, la única compañía es el sudor, los calambres y el ardor de estómago. La afición ciclista magnifica el ciclismo en ruta: la mística de las grandes rondas y clásicas. Recluir en un pabellón dicha magia puede parecer un contrasentido. No empoderan lo suficiente al ciclismo en pista. No deberían. Algunos, no lo hacen.

El ciclismo en pista consta de multitud de formatos. Salvo en los formatos de seis días, esta modalidad recoge las características del ciclismo en carretera (sprint, contrarreloj, carreras por equipo), a excepción, claro, de la ascensión montañosa. Pero la ventaja es poder disfrutar de dichas pruebas en un solo recinto y en apenas una tarde. Intensidad concentrada. Eso propició su auge a mediados del siglo XIX. A diferencia de las bicicletas de ruta habituales, las preparadas para pista carecen de frenos o cambio, y disponen de piñón fijo. Esto supone que los pedales se sigan moviendo hasta que se detenga la rueda, logrando frenar aplicando un poco de fuerza en el lado inverso al del pedaleo. No se puede parar de pedalear sin que se detenga la bicicleta. Así se maximiza la velocidad, se reduce el peso y se evitan los frenazos bruscos.

El velódromo es el templo de esta realidad paralela ciclista. Comenzaron a ver la luz a mediados del siglo XIX, no siempre como recinto exclusivamente ciclista, sino como complemento (a modo de los actuales campos de fútbol con tartanes de atletismo). Y no cubiertos, sino al aire libre, hasta que la bohemia, las ganas de vivir y la épica aconsejaron techar estos lugares que se llenaron paulatinamente de humo, sudor, alcohol y diversión enjaulada para las clases burguesas.

Preston Park en los años 50.

Colección de Mick Deacon.

 

Preston Park a la espera de su rehabilitación.

Consenso ovalado

La falta de normas suele conducir al caos. De ahí que al principio no se impusiera el estándar actual, ovalado con extremos redondeados y peraltados. Así, el velódromo británico más antiguo, Preston Park (Brighton), que data de 1877 y fue cerrado en 2005 por inseguro, constaba de cuatro tramos rectos unidos por curvas. Mientras, el también británico de Portsmouth disponía de una única recta que remataba en una gran curva. Otra distinción a considerar es la longitud. Los Campeonatos del Mundo y las competiciones olímpicas se disputan en recintos con cuerdas de 250 metros, aunque para otras pruebas de la Unión Ciclista Internacional se permite un rango de entre 133 y 500 metros de largo. El Forest City de Ontario (Canadá), inserto dentro de un pabellón de hockey sobre hielo, posee la pista más corta del mundo, con 138 metros de cuerda.

El pequeño Forest City Vélodrome de Ontario.

Pese a la antigüedad de Preston Park, el parisino Velódromo de Vincennes (actual Jacques Anquetil) tiene consenso como primer recinto construido ex profeso para competiciones de velocidad para velocípedos. Fue inaugurado en 1896 y tenía una longitud de 500 metros.

[NOTA: Hay fuentes hispanas que adjudican un velódromo en San Sebastián (Atotxa) en 1888, otro en Figueres en 1893 e incluso el de la Bonanova de Barcelona el mismo año, si bien no se especifica si eran exclusivos]

Vincennes dejó su impronta como principal escenario de los Juegos de 1900 (aquellos tan extraños que duraron seis meses, que eran parte de la Exposición Universal del mismo año, donde no se entregaban medallas y que ni siquiera se denominaban olímpicos): albergó ciclismo, cricket, rugby, fútbol y gimnasia. No en vano, su tipología era similar a la de un estadio moderno, aún no elíptico.

Vélodrome Municipal de Vincennes (París), hacia 1913.

Imagen de Bibliotèque Nationale de France / Agence Rol.

 

España tiene una rica tradición en cuanto a velódromos. Cabe citar, como los más relevantes en activo, el de Anoeta en San Sebastián (1965), el de Horta en Barcelona (1984), el Lluís Puig en Valencia (1992) o el Palma Arena en Mallorca (2007). Así, el Belodromoa de Anoeta (actual Antonio Elorza) albergó dos mundiales de ciclismo en 1965 y 1973 (este último, ya cubierto) y, en su anillo interior, incluyó la primera pista de atletismo cubierta de 200 metros del país. El de Horta (actual Miguel Poblet), descubierto, fue el protagonista de la competición de ciclismo en pista en los Juegos de Barcelona 1992 y hoy sobrevive con un campo de fútbol en el interior de su anillo. El valenciano Lluís Puig celebró en su cuerda el Mundial de ciclismo en pista de 1992. Por último, el Palma Arena -de infausto recuerdo político al doblarse su presupuesto inicial por las certezas de corrupción en su construcción- ha recibido el Mundial de ciclismo de 2007 y es sede habitual de los Campeonatos de España de ciclismo en pista, además de ser clave en la preparación de los velocistas españoles por ser el único velódromo en España de madera y cubierto, similar a los utilizados en competiciones internacionales. Así pudo confirmarlo la ciclista Helena Casas a RELEVO.

Vista del peralte norte de El Tirador (Palma de Mallorca).

Imagen de M. Román Mendoza.

Pero los aficionados nos tirarían la bicicleta a la cabeza si no hiciéramos mención a otros cuatro velódromos, debido a su longevidad: el de Ciudad Lineal (Madrid, 1910; desaparecido en 1973 cuando ya era un campo de fútbol), el de Tortosa (Tarragona, 1943; activo, pero subsumido dentro del recinto del Estadio Municipal), el de Mataró (1948, activo, pero en mal estado) y, sobre todo, el de El Tirador, en Palma. Este velódromo urbano fue inaugurado en 1903 y permanece intacto, aunque inactivo desde 1973. Desde 2016 está incluido en el catálogo de edificios históricos protegidos de la ciudad y será rehabilitado y conservado. Es el más antiguo que permanece en pie de nuestro país y, desgraciadamente, en sus peraltes fallecieron un motorista y cuatro ciclistas por la humedad y la alta velocidad de las competiciones de ciclismo tras motocicleta.

Portada del semanal The Pictorial World del 30 de noviembre de 1878 que da cuenta de los Seis Días de Londres, celebrados en el Agricultural Hall.

Seis días mortales

Quitando los campeonatos continentales y mundiales con sus numerosas disciplinas, hay dos pruebas que dan sentido y mística al ciclismo en pista: los Seis Días y el Récord de la Hora.

Si bien las primeras carreras en ruta se celebraron -según fuentes y matices- entre 1868 y 1870, para la primera carrera en pista el ciclista tuvo que coger su máquina y dirigirse a Londres. Allí asistió al debut del formato de los Seis Días, creado en 1878. Dicho formato de competición (que hoy día es más benevolente: ocho horas de carrera por día) suponía recorrer distancias descomunales ininterrumpidamente (apenas con descansos para dormir y recibir masajes) durante esas seis interminables jornadas. El objetivo era -y es- conseguir el mayor número de vueltas al circuito de las que el participante sea capaz. La categoría de Madison supone hoy el evento central de dichas carreras.

El debut de esta disciplina lo protagonizó en solitario el ciclista David Stanton en 1875, al que siguió el francés Camille Thuillet, y que se acabaron conviertiendo en disputas entre Stanton y Thuillet, y entre Thuillet y Frank White. Ya en febrero de 1878, Stanton rodó 1.000 millas durante seis días (a 18 horas por jornada) en el Agricultural Hall de Islington (Londres). Todo por 200 libras [21.400 libras -24.132€- de 2017). Cubrió dicha distancia en un total de 73 horas. Esta intentona puso las bases para la considerada primera carrera genuina de Seis Días, una carrera de resistencia celebrada en noviembre de 1878 en el mismo Agricultural Hall. Gloria para William (Bill) Cann, de Sheffield, que se adjudicó 110 libras por derrotar a los otros 11 participantes, entre ellos Stanton y White. Alcanzó las 1.060 millas [1.705,90 km.] de distancia recorrida.

Los Seis Días de Londres como competición plenamente organizada comenzó en 1923, y participaban equipos de dos ciclistas, superando los belgas Persijn y Vandevelde a los franceses Godivier y Peyrode. La competición tuvo diversos parones, pero hay que destacar el dominio de victorias belgas en este evento. Fue especialmente destacable el ciclo victorioso de Patrick Sercu entre 1968 y 1979: ocho victorias, un segundo lugar y un tercero, junto a cinco compañeros de distintas nacionalidades. Tras un olvido de treinta años desde 1981, los Seis Días londinenses volvían en 2015 al Lee Valley VeloPark, heredado de los Juegos de 2012. Y Bélgica reinó de nuevo, con victorias de Kenny De Ketele y Moreno De Paul en 2015 y 2016. El año pasado derrotaron a la poderosa pareja formada por Mark Cavendish y Bradley Wiggins, nada menos. Todo un terremoto nacional británico.

El belga Patrick Sercu, rey de los Seis Días.

Si los Seis Días de Londres oficiales comenzaron en 1923, los de Nueva York se adelantaron al 4 de diciembre de 1899, en el Madison Square Garden (de ahí el nombre de Madison derivado). Hoy es una competición difunta, pero se disputó hasta 1961, aún languideciendo tras la II Guerra Mundial. Se da la peculiaridad de que algún año se llegaron a celebrar dos y hasta tres ediciones (como en 1920) del mismo evento. Charles Miller y Frank Waller fueron los primeros ganadores, y los suizos Oscar Plattner y Armin von Büren los últimos. Los mayores ganadores fueron el australiano Alfred Goullet y el italiano Franco Giorgetti con ocho victorias (no como pareja).

Hacemos un inciso sobre la participación femenina en este tipo de carreras. En 2009, en el Museo dei Campionissimi de Novi Liguri (Italia) aseveró que las carreras femeninas comenzaron en 1895 con un evento de seis días. Hasta entonces se consideraba que la primera vez que se las permitió participar fue en los Seis Días de Nueva York de 1899. También parece haber evidencias de carreras de doce días, e incluso de competiciones de seis días entre mujeres y hombres hacía 1897.

Debemos reseñar igualmente los Seis Días de París (1913-1958/1984-1989), sobre todo por sus sedes: en la primera etapa, el mítico Velódromo de Invierno o Vel d’Hiv; en su segunda etapa, el Palais Omnisports de Paris-Bercy. Jacques Anquetil llegó a ganar dos ediciones junto a André Darrigade y a Fernando Terruzzi en 1957 y 1958. Pero nada podía hacer desaparecer de la mente francesa que aquel Velódromo de Invierno de la Rue Nélaton fue el escenario principal de la dramática y lamentable rededa de judíos por parte del gobierno francés entre el 16 y el 17 de julio de 1942. El gobierno de Vichy, cómplice del nazismo, raptó y recluyó allí a cerca de 8.000 judíos, que posteriormente acabaron en campos de exterminio alemanes. Fue demolido en 1959, con un hálito de alivio en las conciencias galas, que nunca llegaron realmente a sobreponerse. Una escueta placa y una escultura son el parco homenaje a esta profunda herida nacional.

El parisino Velódromo de Invierno, celebrando el esfuerzo ciclista en 1909.

Imagen de Life.

 

El mismo velódromo, ya como sede de la vergüenza, atestado de judíos, en julio de 1942.

Hoy día subsisten en activo carreras de la modalidad de Seis Días en Berlín, Bremen, Gante, Ámsterdam, Copenhague, Rotterdam, Zúrich, Grenoble y Fiorenzuola d’Arda, siendo la más antigua la primera, al comenzar en 1909. En nuestro país se disputaron los Seis Días de Barcelona en el Pabellón del Deporte, que solo contó con dos ediciones: los holandeses Bakker y Lakeman triunfaron en 1952. Miquel Poblet y el italiano Terruzzi lo hicieron en 1953. Por otro lado, el Palacio de los Deportes de Madrid acogió la versión capitalina desde 1960 hasta 1986. Miguel Bover, Miquel Poblet, Federico Martín Bahamontes, José López Rodríguez, Domingo Perurena, Faustino Rupérez, Avelino Perea, Enrique Martínez Heredia y José Luis Navarro grabaron su nombre como ganadores en diversas ediciones. El célebre Guillermo Timoner no tuvo suerte en esta prueba en los años 60: solo consiguió dos segundos puestos.

El ya citado Patrick Sercu sería el máximo exponente de este tipo de carreras, al conseguir 88 victorias en 223 participaciones (39% de éxito).

Miguel Indurain, subido a su “Espada”, durante su Récord de la Hora en Burdeos (1994).

Una hora para llegar muy lejos

El otro evento de resistencia característico en el ciclismo en pista es el Récord de la Hora que, como el propio nombre indica, supone alcanzar la máxima distancia posible en el transcurso de sesenta minutos. París vio el primer intento, en 1893, que correspondió a Henri Desgranges. Este francés, que diez años más tarde crearía el Tour de Francia, recorrió 35,325 kilómetros en el también mítico Velódromo Buffalo de París (333,33 metros de cuerda sobre madera). El uso de una bicicleta reclinada aerodinámica por parte de Francis Faure conllevó un nuevo récord en 1933, pero la UCI prohibió dichas monturas y desestimó el récord. Esto provocó una escisión: por un lado estaría la Asociación Internacional de Vehículos Propulsados por Humanos (IHPVA en inglés), que admitía modificaciones en la bicicleta con la excepción de que debe ser el corredor el que provea la energía al movimiento; la UCI, por su parte, solo permitiría bicicletas estándar.

Amén de dicha división, hoy apenas mencionada, el empleo de diversas posturas aerodinámicas por parte de los corredores y de aditamentos como ruedas lenticulares o cuadros estilizados convirtió las pruebas en algo muy heterogéneo durante el siglo pasado. Ya en 2000, la UCI prohibió los cascos de contrarreloj, las ruedas especiales o los cuadros aerodinámicos, con los que Chris Boardman había llegado a los 56,375 km. A partir de entonces deberían usarse bicicletas estándar y las plusmarcas logradas desde los 49,431 km. de Eddy Merckx en 1972 serían englobadas en una categoría denominada “mejor esfuerzo humano”. Pero igualmente Boardman batió el récord de Merckx por diez metros en ese mismo año y la prueba perdió interés. Ante la escasez de participantes dispuestos a intentar batir el récord, la UCI dio marcha atrás en 2014 y permitió de nuevo lo que había prohibido anteriormente.

Evelyn Stevens y Bradley Wiggins, actuales plusmarquistas del Récord de la Hora.

Si hacemos caso de la IHVPA, ya hubo un primer récord de Marcel Berthet en 1932, de 49,99 kilómetros. La plusmarca actual, para ellos, la posee Sam Wittingham en hombres con 90,60 kilómetros, obtenida en Romeo (EE.UU.) en 2009; en mujeres, correspondería a Barbara Buatois, con 84,04 kilómetros (Romeo, 2009). Para la UCI, sin embargo, no cabe duda de que el plusmarquista de la hora es el británico Bradley Wiggins, que el 7 de junio de 2015 alcanzó los 54,526 kilómetros en Londres y superó en casi dos kilómetros la marca que su compatriota Alex Dowsett había conseguido en Manchester un mes antes.

Miguel Indurain tuvo su momento de gloria en esta disciplina al conseguir batir a Graeme Obree el 2 de septiembre del 94 y dejar entonces la marca en 53,040 kilómetros. Sin embargo, al utilizar ruedas lenticulares y casco especial fue uno de los récords que pasó a la categoría paralela antes mencionada. A Induráin, no obstante, el récord le duró un mes, siendo superado por Tony Rominger en 800 metros. Hasta el momento, los ciclistas que más veces han conseguido el Récord de la Hora según la UCI son el suizo Oscar Egg y Chris Boardman, con tres entorchados cada uno.

Por lo que respecta a las mujeres, no cabe duda de que la gran campeona de la prueba es la francesa Jeannie Longo. La primera mujer que consiguió la marca fue la soviética Tamara Novikova con 38,473 kilómetros, en Irkutsk, en 1955. Desde entonces, Longo ha conseguido el récord un total de seis veces, llegando a un máximo de 45,094 kilómetros, aunque cuatro de sus seis marcas entraron en la categoría eufemística y degradada de “mejor esfuerzo humano” por la UCI. El récord actual pertenece a la estadounidense Evelyn Stevens, que consiguió alcanzar los 47,980 kilómetros en Colorado Springs en febrero de 2016.

Como curiosidad, la UCI dispone de una categoría Máster para participantes mayores de 30 años, establecida por décadas. Honor para el plusmarquista de más de 100 años Robert Marchand, que con 103 años recorrió 26,925 kilómetros en Saint-Quentin-en-Yvelines en enero de 2014. Apenas 9 kilómetros menos que Desgrange un siglo antes. Prueben ustedes… Según los indicios, este francés sigue vivo y cumpliría 106 años el próximo 26 de noviembre.

Guillermo Timoner triunfó en Europa en Medio Fondo tras motocicleta.

Cada cual a su modo en Europa

El Campeonato de Europa, siempre a rebufo del Mundial, empezó a disputarse en 2010 bajo la égida de la Unión Europea de Ciclismo. Un momento… ¿2010? El ciclista no puede menos que bajarse de su montura y revisar sus conocimientos. En efecto, Heijmans y Mallon, en su monumental Diccionario Histórico de Ciclismo (The Scarecrow Press, 2011) sitúan el primer Campeonato de Europa en pista en Berlín en ¡1886! Afirman que se celebraron dos pruebas de la modalidad Scratch sobre 5 y 10 kilómetros. El problema es que estas ediciones primigenias las organizaban las diferentes federaciones nacionales, no una internacional, con a veces varios eventos el mismo año o ediciones que solo permitían competidores continentales (lo que dejaba fuera a los británicos). Los campeonatos europeos, además, no eran exclusivos de los ciclistas locales: está acreditado que el australiano Danny Clark consiguió 12 de estos títulos.

Por rematar, diremos que estos añejos campeonatos solían disputarse por disciplinas concretas. Ha habido hasta el momento 13 disciplinas masculinas y 11 femeninas. Así, el campeón más antiguo registrado es el alemán Arthur Heimann, que se llevó el oro en el campeonato europeo de velocidad individual (masculina, claro). Una disciplina curiosa es el medio fondo tras motocicleta (o Stayer), que subsiste hoy día y en el que han dominado históricamente alemanes y belgas. Guillermo Timoner fue plata en 1964 y bronce en 1963 y 1965. Las mujeres tuvieron su primer campeonato propio en 1995 (Ómnium: triunfó la holandesa Ingrid Haringa) y desde 2010, obviamente, empezaron a participar en el Europeo organizado por la UEC.

Ingrid Haringa fue la primera mujer que se impuso en un Campeonato de Europa (Ómnium, 1995).

¿Recuerdan a Patrick Sercu, rey de los Seis Días? Obtuvo nada menos que seis oros en Madison y 11 en Ómnium, eclipsando a figuras del ciclismo en ruta de la talla de Eddy Merckx. Aunque se dio el placer de formar un dúo mágico con él y llevarse juntos dos de los oros en Madison (1969 y 1977).

Bajo el manto de la UEC se han disputado siete ediciones hasta el momento, siendo la de este año en Berlín y en Glasgow será la de 2018. El medallero de los Europeos desde 2010 lo domina hasta ahora Alemania con 58, seguida de cerca por Rusia (56) y Reino Unido (52). El reparto de oros es, sin embargo, más desigual (Reino Unido, 30; Alemania, 18; Rusia, 17). España suma 21 medallas (siete oros, seis platas, ocho bronces). Los campeones de Europa reciben además un maillot azul con las estrellas doradas de la bandera europea. También se celebran ediciones para juniors y ciclistas sub23.

Francia domina el mundo

Una vez más, tiramos de historia para rememorar que el primer Campeonato del Mundo de ciclismo en pista, considerado como tal, se celebró en 1883. Tuvo lugar en Aylestone Road (Leicester, Inglaterra). El vencedor fue el francés Frédéric de Civry. Sin embargo, el de Chicago de 1893 se considera el primer Mundial organizado por una asociación ciclista. Se encargó de ello la Asociación Ciclista Internacional, y profesionales y amateurs competían separados (y así siguió siendo hasta 1922). A partir de la octava edición, celebrada en París, la Unión Ciclista Internacional tomó el relevo. Las mujeres participaron a partir de la edición de 1958, también en París.

España ha celebrado Mundiales en San Sebastián (1965 y 1973, Velódromo de Anoeta), Barcelona (1984, velódromo de Horta), Valencia (1992, Velódromo Lluís Puig) y Palma de Mallorca (2007, Palma Arena). En 2018 se celebrarán en Apeldoorn (Países Bajos) y los siguientes en Pruszków (Polonia) y Berlín. Desde que se abrió la convocatoria a todos los ciclistas en la 90ª edición en Hamar (Noruega), Francia domina el medallero con 373 metales, por encima de Italia (253) y Países Bajos (251); aunque en oros, franceses (141), británicos (102) y neerlandeses (83) componen el pódium. Como bien se sabe, el ganador recibe actualmente el maillot arco iris. Existen versiones paralímpicas y para juniors de estos campeonatos.

No se debe confundir el Campeonato del Mundo con la Copa del Mundo. Este es un evento compuesto por diversas carreras que organiza la UCI cada temporada entre octubre y febrero. Exceptuando los Mundiales y los Juegos Olímpicos, es el evento que más puntos otorga para el Ranking mundial individual. Suelen ser entre 3 y 6 eventos, celebrados en distintos países. Se compite por naciones y vence la que acumule más puntos en todas las disciplinas. Se comenzó a celebrar en 1993. Hasta ahora, Alemania domina el palmarés con 7 entorchados.

Wiggins, amo del ciclismo olímpico

El ciclismo forma parte del programa olímpico desde los primeros Juegos de la Era Moderna en Atenas (1896). El Neo Phaliron, en los terrenos del actual Estadio Karaiskakis, fue la sede. Se celebraron cinco pruebas en pista: el francés Paul Masson venció en Velocidad, Sprint y 10 kilómetros; su compatriota Léon Fleming en los 100 kilómetros; y el austríaco Adolf Schmal en las 12 horas en pista. Estos eventos tuvieron escasísima repercusión de público por su duración y distancias y, curiosamente, solo el ganador recibía una medalla metálica (que además era de plata). En París 1900 hubo cerca de 15 eventos ciclistas, pero el COI solo consideró como olímpicos dos, en pista ambos: los 2.000 metros (victoria del francés Georges Taillandier) y los 25 kilómetros. Solo el coraje del estadounidense John Henry Lake con su bronce en la larga distancia evitó que La Grandeur de la France hiciera pleno de preseas. En Saint Louis 1904, con distancias ajenas al sistema métrico decimal, solo participaron ciclistas estadounidenses: se impuso Marcus Hurley en el cuarto de milla [400 m.], tercio de milla [530 m.], media milla [800 m.] y 1 milla [1,60 km.], mientras que Charles Schlee ganó las 5 millas [8,04 km.] y Burton Downing las 2 [3,21 km.] y las 25 millas [40,23 km.].

Medalla de plata que recibían los ganadores de cada competición en los Juegos Olímpicos de Atenas 1896.

Todas las pruebas de Londres 1908 fueron en pista, en una construida ad hoc alrededor de la arena del White City Stadium, aquel precursor de Wembley que reposaba donde hoy existe la sede de la BBC. Ciclistas británicos ganaron las 660 yardas [0,60 km.], los 5, 20 y 100 kilómetros y los 4.000 metros persecución por equipos. Francia se llevó el oro en Tándem masculino en 2.000 metros, mientras que quedó desierta la victoria en Sprint masculino sobre 1.000 metros por exceso de tiempo de todos los participantes.

La única vez en la historia de los Juegos en la que únicamente se disputaron pruebas en ruta fue en Estocolmo 1912. La razón fue pedestre: el velódromo de Estocolmo fue demolido para hacer sitio al pequeño Estadio Olímpico de la capital sueca, sin que se construyera ningún otro en sustitución. Pereza sueca.

Amberes ‘20 volvió a contar con el ciclismo en pista, con cuatro pruebas que se repetirían en París ‘24: 1.000 metros, Tándem 2.000 metros, 50 kilómetros y 4.000 metros persecución por equipos. Mientras, en Amsterdam ‘28 y Los Ángeles ‘32 se sustituyó la prueba de los 50 kilómetros por los 1.000 metros contrarreloj. En Berlín ‘36 no se pudo contar con un velódromo acorde y se improvisó una pista en el estadio del Berlin Sport Club (actual Berlin SV 92). No hubo cambios significativos en las pruebas hasta Montreal ‘76, en que se suprimieron los 2.000 metros en Tándem. El dominio fue plenamente centroeuropeo entre las dos Alemanias y Checoslovaquia. Los Ángeles ‘84 vio cómo se incluía la prueba de Persecución, con el belga Roger Ilegems como primer vencedor.

La participación de las mujeres en las pruebas olímpicas en pista comenzó en Seúl ’88, mientras que en ruta se iniciaron en Los Ángeles ’84. Por tanto, en la capital surcoreana se añadió la prueba de 1.000 metros en velocidad femeninos. En Barcelona ‘92 se incluiría una prueba más, también femenina: los 3.000 metros en persecución. Y en Atlanta ‘96 era la prueba de Puntuación la que conocía versión femenina.

José Manuel Moreno le dio a España el primer oro olímpico de su historia en ciclismo en pista en Barcelona 1992.

Sidney 2000 supuso el gran despliegue, con la introducción del Madison, el Keirin y la Velocidad por equipos en categoría masculina, además de los 500 metros contrarreloj en la femenina. Pekín 2008 vio morir los 500 metros contrarreloj femeninos, de efímera gloria, y los 1.000 metros contrarreloj masculinos (para hacer hueco al BMX). Destacar los siete oros de diez posibles cosechados por Gran Bretaña.

En pos de la igualdad y la equiparación, Londres 2012 asistió al establecimiento de las mismas cinco pruebas para ambos sexos, aunque sobre distancias distintas: Sprint individual, Sprint por equipos, Keirin, Persecución por equipos y Ómnium (que sustituyó al Madison). La polémica estaba servida y desde algún medio se acusaba al COI de castrar la mística de los velódromos al eliminar el Madison, la Puntuación y la Persecución individual, pese al beneplácito del presidente de la UCI Pat McQuaid. Especialmente dura fue la pérdida de la persecución, apta para distintos tipos de ciclista, lo que motivó a Lance Armstrong, Bradley Wiggins o Chris Boardman a encabezar una protesta con más de 4.000 apoyos que el COI obvió. El Comité alegaba el positivo ascenso de 35 a 84 mujeres ciclistas participantes (representando así un 45% del total). España también perdía valiosas opciones de medalla en esas disciplinas.

Leire Olaberria, con su bronce en Pekín 2008, permanece como la única medalla femenina del ciclismo en pista español.

El ciclismo español debutó en la élite del ciclismo en pista olímpico con el triunfo de José Manuel Moreno en 1 km. contrarreloj (primer oro de Barcelona ‘92 para la delegación española). En total, España ha conseguido nueve medallas en pista (3 oros, 3 platas y 3 bronces); de ellas, siete corresponden a disciplinas ya difuntas del programa olímpico. Destacan los dos oros y dos platas de Joan Llaneras a lo largo de cuatro Juegos y la única medalla femenina con el bronce de Leire Olaberria en Puntuación en Pekín 2008.

En Río 2016 no hubo cambios. El equipo británico de persecución logró el oro con récord del mundo incluido: este hecho convirtió a Bradley Wiggins en el ciclista con más medallas en la historia olímpica: cinco oros, una plata y dos bronces le contemplan. Sus compatriotas Chris Hoy y Jason Kenny, con siete preseas (seis oros y una plata ambos) quedaban entonces batidos.

Longevidad española

En nuestro país llevan celebrándose Campeonatos de España en las distintas categorías del ciclismo en pista desde 1883, año en que Nicolás Echague se impuso en la disciplina de Velocidad en Madrid, según está parcamente registrado.

El paraciclista Eduardo Santas hizo historia el segundo fin de semana de este mes: se convirtió en el primer corredor con discapacidad (categoría C3) en disputar el Campeonato de España en categoría absoluta, celebrado en Palma de Mallorca. Participó en el Kilómetro y en Persecución individual (quedó a 40 segundos del ganador). No hizo sino continuar una carrera en la que, a pesar de sufrir una parálisis en el lado derecho de su cuerpo desde los cuatro años, ha competido con ciclistas sin discapacidad desde juvenil. A las siete medallas recolectadas hasta ahora en tres mundiales en pista y uno en ruta, y al bronce en Velocidad por equipos en los Juegos de Río, puede sumar a partir de ahora esta valiosa y encomiable experiencia.

El paraciclista Eduardo Santas, haciendo historia.

Una vez recorrido el mundo y la historia, el ciclista se vuelve a subir a la bicicleta. Quizá mareado. Exhausto. Recorre los restos del Muro de Berlín. Le cala el frío de la capital alemana, siente la humedad del Spree en su rostro, coge fuerzas y calienta a los mandos. El ambiente cálido del nuevo Velódromo, heredero de aquel Werner-Seelenbinder Halle que se ubicaba en el mismo lugar, le ha abrigado el pasado fin de semana en busca de nuevos héroes de este otro ciclismo: acotado, sí; encerrado, también; pero nunca derrotado. ©RELEVO

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