Bea Lara

Publicado el 30/1/2018 a las 13:30

TIEMPO DE LECTURA: 3 minutos

Con solo cuatro años, Manuela Di Centa (1963) ya tenía sus primeros esquís. Eran rojos y se los había hecho su abuelo en madera. Deslizándose desde tan temprana edad, pronto se destapó como todo un talento y con solo 17 años ya pertenecía al equipo nacional de esquí de fondo de Italia. Ir a los Juegos Olímpicos era uno de sus sueños: sus primeros Juegos Olímpicos de Invierno fueron en Sarajevo 1984. Se convirtió en la primera mujer italiana en competir en cinco citas olímpicas: la última fue en Nagano 1998.

Estuvo un tiempo fuera del equipo nacional tras Sarajevo 1984, y criticó abiertamente el tratamiento de la Federación de Esquí de Italia a las mujeres deportistas y las presuntas prácticas de dopaje y técnicas de entrenamiento ilegal. Al cambiar el cuerpo técnico de la federación, se reincorporó al equipo nacional italiano un año antes de Calgary 1988 y pudo participar en esos Juegos.

La primera vez que tocó el podio olímpico fue en Albertville 1992. Formaba parte del equipo que llevó los relevos femeninos italianos de 4 x 5km al bronce. Sin embargo, su actuación no fue especialmente brillante: al poco tiempo, Di Centa descubrió que tenía un problema de tiroides que mermaba su resistencia física. Al tratarse del mismo, solo tardó dos años en dominar el esquí internacional de fondo.

Choca esas cinco (medallas)

En el camino que la llevó a Lillehammer 1994 pasó por el Campeonato Mundial de Falun, en el que ganó dos platas (en 30 km y en relevos 4 x 5 km). Al llegar a Lillehammer, Di Centa estaba acostumbrada al podio, pero nunca a lo más alto. Pero del 13 al 24 de febrero de 1994, Manuela no se bajó del podio. Comenzó por una victoria -¡su primer oro!- en la prueba clásica de 15 km, donde quedó por delante de la rusa Lyubov Yegorova, gran favorita y detrás de la cual quedó en 15 km estilo libre y 10 km persecución. Dos platas más en su haber. De nuevo se quedó en el bronce en el relevo 4 x 5 km junto a sus compañeras Bice Vanzetta, Gabriella Paruzzi y Stefania Belmondo y cerró una magnífica actuación con otro oro en 30 km estilo libre. Cinco medallas en cinco pruebas, dos de ellas de oro. Había cumplido con creces: ningún otro atleta llevó a casa más medallas en esa cita olímpica.

Para Manuela Di Centa fue una experiencia muy especial: “Noruega es el lugar donde nació este deporte. Me he sentido como en casa”, explicó Di Centa. “Ganar allí fue un poco diferente a hacerlo en otro lugar donde el esquí de fondo no causa la misma sensación. En Lillehammer, la tradición es increíble y eso me ha hecho sentir más grande y más feliz que en cualquier otra parte.”

No fueron las últimas medallas olímpicas de Di Centa: aún debía participar en otra cita olímpica en Nagano 1998, donde, de nuevo, consiguió un bronce como miembro del equipo de relevos italiano de 4 x 5 km. Esa fue su última competición en los Juegos Olímpicos de Invierno. Después se retiró del esquí competitivo, con un total de siete medallas olímpicas en su palmarés.

No fue su última gesta deportiva: Di Centa se retó a escalar los picos más altos de todos los continentes, incluido el Monte Everest, para promover los valores olímpicos. Fue la primera mujer italiana en escalar el Everest, en 2003. Esa vez, también, llegó a lo más alto. ©RELEVO

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