Rubén Martín Bravo

Publicado el 21/1/2018 a las 19:00

TIEMPO DE LECTURA: 7 minutos

El ser humano tiene un grave problema. Su tendencia al pensamiento único genera estructuras mentales conservadoras y acomodaticias en las que todo aquello que se escapa de lo habitual, de lo esperado, de lo establecido, es saludado con sorpresa, con desconfianza, cuando no con hostilidad. El mundo del deporte no es ajeno a este fenómeno.

Los Juegos Olímpicos de Invierno ya han vivido apariciones agradables, por inesperadas, como la celebérrima aparición de una selección de bobsleigh caribeña: la de Jamaica en Calgary 1998. Pero si vinculamos el llamado África negra y los juegos de la nieve y el hielo, el arquear de cejas es aún mayor. En Pyeongchang 2018 veremos a las mujeres del equipo de bobsleigh de Nigeria pelear por la medalla. No sólo eso, sino que Simidele Adeagbo representará también a la nación nigeriana en skeleton femenino.

¿Y en esquí alpino? En Vancouver 2010, el ghanés Kwame Nkrumah-Acheampong fue el único esquiador negro en participar. Participó en el eslalon, junto a 101 compañeros más. Acabaron 54 y Kwame fue 53º. Pero hubo un gran antecedente.

De Senegal a la historia

En julio de 1960, llegó al mundo Lamine Guèye en Dakar, la capital de Senegal. Compartía nombre, con su abuelo, célebre por ser presidente del país africano entre 1960 y 1968, y que dio nombre a una ley durante el periodo colonial francés que garantizaba la ciudadanía francesa y sus derechos inherentes a todo habitante de dichas colonias.Cuando el abuelo murió en el mítico año revolucionario del 68, el joven Lamine vivió un exilio en Suiza con apenas 8 años, obligado por su abuela y su madre. Le sorprendió no encontrase nieve en el país helvético, pero es que llegó en junio. Esa Navidad fue la primera vez en su vida que Guèye puedo disfrutar del manto blanco.

El virus de la nieve le atrapó sin remedio. Con 17 años, se traslada a París con su madre, que trabajaba como modelo. Jugaba al hockey, y fue seleccionado en el equipo francés júnior. Se perdió el Campeonato de Europa de 1977 al estrellar su pequeña moto tres días antes de la inauguración.

El virus del esquí

Y pese a jugar al hockey, sueña con el esquí. De hecho, de vuelta a Senegal, le dice a su madre una mañana: “¡Voy a crear la Federación Senegalesa de Esquí!”. Pese a la sorpresa materna, se pone en contacto con las federaciones francesa e internacional, que no le toman en serio. Pero Guèye no estaba de broma.

En 1978, Lamine redacta los estatutos de su federación en tres idiomas, y miente al afirmar que son 47 esquiadores los enrolados. “En realidad, solo estaba yo”, diría más tarde. Con arrojo, envía la documentación al Ministro de Deportes senegalés y al propio presidente del momento, Léopold Sédar Senghor, que le contesta personalmente. Senghor le saluda y le sorprende con sus conocimientos sobre el esquí.

Con ahínco, Guèye se infiltra en una concentración de la selección francesa de esquí en Tignes. Los esquiadores franceses no dan crédito, pero se le permite quedarse, no sin hacerle mil preguntas. Para probar al senegalés, le dejan descender por la pista para chicas. Tras una caída, evidentemente no iba a formar parte de la selección francesa para Lake Placid 1980 (no olvidemos que Senegal fue colonia francesa hasta 1960).

Para Guèye era el fin del mundo, su gran sueño como deportista profesional se evaporaba. Pero al ver que su empeño era notable y valiente, se le concede el permiso para formar parte del equipo júnior de promesas de Francia.

Llega 1980 y Lamine ve los Juegos de Lake Placid por televisión y queda anonadado con el estilo del austríaco Franz Klammer. En el 83, tras diversas lesiones y convalecencias, se convence de que Sarajevo será su gran oportunidad. Pero entonces se entera de que el Comité Olímpico Internacional le permite participar representando a Senegal. Así que, sin dudarlo, se lanza a buscar un avión camino de la ciudad yugoslava.

Sueño cumplido

“En la Villa Olímpica, estaba como un niño en Disneylandia. Deambulaba solo, sin entrenador, como en una nube. En los pasillos, muchos deportistas se dirigían espontáneamente hacia mí. ¡Solidaridad, respeto, el espíritu olímpico en todo su esplendor! Y yo formaba parte. En el pasado había recibido alguna mirada de desdén, pero jamás pasó eso en Sarajevo.”

El desfile de la ceremonia de apertura le guarda una mala jugada. Debido al orden alfabético, deberá desfilar entre los trescientos atletas estadounidenses y los doscientos soviéticos, las delegaciones más numerosas. Entremedias de ellos irá Lamine Guèye, él solo, por Senegal.

“Apreté la bandera de Senegal con todas mis fuerzas. Cuando salí a la pista, yo sólo, el estadio se puso en pie y comenzó a gritar ‘¡Senegal, Senegal!’ Rompí a llorar, reía entre dientes como un niño. Ya eso era la culminación de mi sueño. Ojalá mi padre y mi abuelo pudieran haberme visto. Y me di cuenta de que era el primer esquiador del África Negra en participar.”

La noche antes de su participación histórica, Lamine Guèye no pudo dormir. “¡No defraudes a África!”, se repetía así mismo. Quería completar la carrera de su vida e, incluso, soñaba con medallas, con toda la ambición del mundo.

“En senegalés no tenemos una palabra para ‘descenso’ porque no contamos con montañas.” No hubo milagro. Pero dio igual. Se convertía en el primer deportista del África negra en tomar parte en unos Juegos Olímpicos de Invierno. En el descenso finalizó 51º y en el eslalon gigante terminó 57º. Al menos, se consuela pensando que no sufrió ninguna caída.

Fin de ciclo… O no

Acabado el oropel olímpico y la aventura de Sarajevo, sigue practicando el esquí, pero se dedica a otros negocios: bolsa, importación-exportación de bienes, pases como modelo, e, incluso como actor (participó en Moonraker, puro James Bond). Pero la experiencia de los meidáticos jamaicanos en Calgary le remueven el gusanillo de nuevo, por lo que vuelve a la competición en Albertville 1992. Y concluye el 66º de 133 participantes en eslalon gigante, y 78º en el súper gigante. Se retira en el eslalon y la nórdica combinada.

Pero “al no encontrar vacuna para mi virus”, aún repetiría en Lillehammer 1996. Entraba como uno de los mejores 1.500 esquiadores del mundo. Por norma, los esquiadores alpinos debían ahora estar clasificados por encima del puesto 500 del ránking mundial en hombres y del 600 en mujeres. Pero si un país no tenía ningún deportista clasificado, podía mandar a uno que estuviera por encima del 1.500. Lillehammer supuso el endurecimiento de las condiciones clasificatorias por parte del COI y las respectivas federaciones.

Guèye participó únicamente en el descenso y no terminó. Llevaba la frase “¿Espíritu Olímpico?” (originalmente en inglés) en su casco. Era una protesta por las nuevas normas de clasificación, que además habían dejado a un compatriota fuera de la cita. Los jueces amenazaron con expulsarle porque podía confundirse con un eslogan publicitario (¿?).Guèye lo borró al final para poder participar.

El New York Times acuñó el término atleta turista para definir a deportistas como él, que ahora lo tendrían más difícil para participar en unos juegos ya no tan amateurs como antaño.

Sumaría a sus registros participaciones en cinco Campeonatos del Mundo y en 25 Copas del Mundo. Guèye ha promovido activamente, desde que finalizó su carrera deportiva, la participación de los países pequeños en los Juegos Olímpicos. También ha denunciado la pérdida del verdadero espíritu olímpico en favor de la rentabilidad comercial.

Siguiendo la experiencia de Guèye, ha habido más atletas del África negra que han intentado hacer historia (o la han hecho, con solo participar) en los Juegos de Invierno, como el también senegalés Alphonse Gomis en Albertville (74º en eslalon gigante). Y aunque fue el primer negro, evidentemente Guèye no fue el primer africano en tomar parte en los Juegos de Invierno. Sudáfrica debutó en 1960 con un equipo exclusivamente blanco. Hasta hoy, Argelia, Egipto, Etiopía, Ghana, Kenia, Marruecos, Senegal, Sudáfrica Swazilandia, Togo y Zimbabwe han grabado su nombre como naciones africanas que han participado en los Juegos invernales. En Pyeongchang 2018, las chicas del bobsleigh nigeriano suman una nueva nación.

Como colofón, destacar que Tofiri Kibuuka se convirtió en el primer africano que participó en unos Juegos Paralímpicos de Invierno. Era ugandés y participó en esquí de fondo en Örnsköldsvik (Suecia) en 1976 y Geilo (Noruega) en 1980, ocho años antes que Guèye. Además, representó a Noruega como corredor en los Juegos Paralímpicos de Verano de Stoke Mandeville/Nueva York 1984, Seúl 1988 y Barcelona 1992.

Guèye abrió el camino del África profunda y auténtica, y su perseverancia ha abierto el camino a muchos otro deportistas del continente en los Juegos Olímpicos de Invierno, pese al arquear de cejas y la incomprensión de cada vez menos personas. ©RELEVO

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