De izquierda a derecha, John McDermott, Gelindo Bordin, Roberta Gibb, Kathrine Switzer, Bob Hall, Dick y Rick Huyt.

La maratón de Boston: la carrera con más historia

119 ediciones dan para muchas anécdotas, hazañas, pioneros y, también, historias tristes.

Mercedes Esplá
@mercedesespla
Publicado el 20/4/2017 a las 15:10

TIEMPO DE LECTURA: 9 minutos

La maratón de Boston es la carrera de fondo más antigua de la historia. Este año se ha celebrado la edición número 119 desde que en 1897 únicamente 15 participantes tomaran la salida. Desde entonces, más de 30.000 corredores se dan cita cada tercer lunes de abril, coincidiendo con el Patriot’s Day, para recorrer las 8 ciudades de Massachusetts que forman el recorrido: Hopkinton, Ashland, Framingham, Natick, Wellesley, Newton, Brookline y Boston. Los atletas cruzan la línea de meta en el ya emblemático emplazamiento entre la Biblioteca Pública de Boston y la John Hancock Tower.

Durante su larga trayectoria ha ido creciendo hasta convertirse, para muchos, en la maratón más importante del mundo. Pero la cita se ha convertido en lo que es a día de hoy gracias a los momentos históricos que han ocurrido durante algunas de sus ediciones. Las calles de Boston han sido testigo de grandes hazañas, hitos, anécdotas y desgracias que forman parte de su historia. Para los anales quedará la primera edición, donde John McDermott se convirtió en el primer corredor en cruzar la línea de meta en Boston, con un tiempo de 2 h 55 m 10 s.

Otra de las leyendas de esta carrera es el americano Clarence DeMar. Un atleta que empezó a escribir con letras de oro su nombre en el libro de la gran carrera de Boston desde su primera participación en 1910. Un año después, en su segunda participación, consiguió ganar la prueba batiendo el récord. Poco tiempo después le diagnosticaron un problema cardíaco. Sin embargo, esa complicación del corazón no le impidió volver a correr y 6 años después volvió a la competición para marcar época. Ganó 7 veces esta mítica carrera, la última con unos increíbles 41 años, siendo la persona de mayor edad en cruzar la meta en primer lugar, un récord que sigue ostentando a día de hoy. Ahí no quedaron las hazañas de DeMar, que continuó corriendo hasta los 65 años, poco antes de morir a causa de un cáncer.

Solo el italiano Gelindo Bordin ha conseguido el doblete de ser campeón olímpico (en la maratón de Seúl 1988) y ganador en Boston en 1990.

La primera mujer en correr la maratón de Boston

Pero quizás uno de los grandes hitos históricos de la maratón de Boston fue protagonizado por una mujer. Las atletas femeninas no podían participar en las carreras, pues se creía que no disponían de la capacidad física suficiente para soportar una carrera de más de 42 kilómetros. Sin embargo, algunas de ellas se atrevieron a desafiar las creencias de la época y demostrar que ellas también podían correr.

En 1966, Roberta Gibb fue la primera en intentarlo. En una carrera exclusiva para hombres, escribió una carta para inscribirse, pero fue rechazada. La atleta, más conocida como Bobbi, no se rindió y se presentó el día de la maratón sin dorsal, algo que estaba permitido. El único problema era que el tiempo conseguido no sería oficial. Se escondió tras unos arbustos y al oír el pistoletazo de salida se incorporó a la carrera sin ocultar, en ningún momento, su larga melena y su total aspecto femenino. Nadie durante la carrera le dijo nada, corrió como cualquier otro corredor, y terminó en 3 h 21 m. Pero, a causa de correr sin dorsal y fuera de la oficialidad, su tiempo no fue válido.

Un año más tarde fue Kathrine Switzer quien se inscribió en la carrera. En la lista solo figuraba la inicial del nombre y el apellido, por lo que nadie sospechó a priori que fuera una mujer. Con el dorsal 261, se puso en marcha para disputar la carrera en un día de viento y nieve en la ciudad estadounidense. Con la ropa grande para evitar el frío, ninguno de los corredores se dio cuenta de la presencia de una mujer. Fue la prensa, que se encontraba fuera del recorrido, los primeros en percatarse de lo que estaba sucediendo. Los periodistas comenzaron a dar voces y todos se alertaron. El director de la carrera, Jock Semple, intentó echarla, pero su novio, que corría con ella, lo impidió. Consiguió cruzar la meta con un tiempo de 4 h 20 m, pero fue descalificada. Una injusticia histórica como tantas otras contra la igualdad de la mujer dentro de las competiciones en esas décadas.

Fue en 1971 cuando las mujeres pudieron inscribirse de manera oficial en las maratones por primera vez. En esa primera edición, ocho mujeres disputaron la maratón de Boston y todas cruzaron la línea de meta. En ese momento, Nina Kuscsick consiguió la victoria y fue considerada la primera atleta femenina en ganar en categoría femenina hasta esa edición.

Sin embargo, años más tarde se hizo justicia. En 1996 la Boston Athletic Association reconoció oficialmente a Bobbi Gibb como la ganadora de la maratón de Boston de 1966, 1967 y 1968. Se convirtió en pionera: la primera mujer que se impuso en la categoría femenina de la competición.

Otras historias más turbias también con mujeres como protagonistas han ocurrido en Boston. En 1980, Rosie Ruiz apareció en los últimos kilómetros de la carrera para hacerse con el triunfo. Cruzó la meta en primer lugar, pero la organización se dio cuenta de la farsa, sospecharon de ella porque no aparecía en los videos de la carrera. Fue investigada y se descubrió que se unió al pelotón a falta de 1,6 km y fue descalificada.

Este año, Kathrine Switzer ha vuelto a correr la maratón de Boston con el mismo número que lo hizo en el año 1967, el 261. Lo ha hecho junto a la periodista y escritora gijonesa Cristina Mitre por una buena causa: recaudar fondos para un proyecto contra la leucemia infantil. El objetivo de ambas era demostrar que hacer ejercicio físico es beneficioso en la recuperación de los procesos oncológicos en los niños y conseguir ayudas económicas para investigar el cáncer infantil.

Kathrine Switzer, al borde de la expulsión en 1967 (izquierda) y tras su llegada a meta en 2017 (derecha).

Una maratón abierta a los deportistas paralímpicos

La maratón de Boston fue la primera carrera en crear una categoría para que las personas en silla de ruedas también pudieran disfrutar de la competición y realizar el mismo recorrido que el resto de participantes. Esto ocurre desde la edición de 1975 donde, sin duda, se dio un paso hacia la inclusión del deporte paralímpico en las pruebas de larga distancia.

Bob Hall fue el primer corredor en silla de ruedas que registró un tiempo oficial en esta categoría, en un tiempo de 2 h 58 m, consiguiendo un hito histórico.  La primera mujer en completar el recorrido en silla de ruedas fue Sharon Rahn, en 1977. Fue la única mujer participante y tardó 3 h 48 m, que le valieron para terminar en el quinto lugar de seis participantes en esta categoría.

Muchos atletas con amputaciones o lesiones medulares compiten cada año por las calles del estado de Massachusetts. Salen con un periodo de 15 minutos de adelanto sobre el resto de atletas para evitar lesiones o posibles golpes con los corredores a pie.  Con el paso de los años, las sillas se han ido modernizando y cada vez son más rápidas y con posiciones más cómodas para los atletas.

¿Qué serías capaz de hacer por tus hijos?

Otra de las historias inolvidable y dignas de reseñar es la de Dick y Rick Hoyt, que conforman el Hoyt Team. Rick nació tetrapléjico con parálisis cerebral espástica. Su aventura atlética comenzó cuando el niño le pidió a su padre si podía participar en una carrera que se había organizado para apoyar a otro chico discapacitado y así demostrar que no existen límites en la vida, y que si se quiere, se puede. Dick no era un corredor habitual y nunca se había propuesto hacer running, pero los padres llegan a hacer grandes sacrificios para complacer a sus hijos. Bastó la motivación de hacer feliz a su hijo para dedicar todo su tiempo y esfuerzo en complacer a su pequeño. Después de muchos entrenamientos consiguió correr empujando la silla de su hijo. Pero quizás el reto se completó cuando el pequeño Rick le agradeció el esfuerzo a su padre con un emocionante: “Papá, cuando corro, siento que no estoy discapacitado”.

En 1981, el equipo formado por Dick y Rick consiguieron terminar su primera maratón de Boston, empujando un silla de ruedas especial. Este evento se convirtió en una costumbre para el equipo Hoyt, han terminado 32 maratones de Boston, además de multitud de triatlones e ironmans. 2014 fue el último año que acabaron la carrera: el padre con 74 años y el hijo con 53 años, tras no poder finalizarla en 2013 a causa del atentado que sufrió la maratón en los últimos metros del recorrido.

Otro gran ejemplo es Derek Yorek. Un padre de familia que prometió a sus hijas que lo verían por la televisión: para ello, debía liderar la prueba por delante de los atletas africanos, máximos favoritos. Para llegar a conseguir la hazaña tuvo que entrenarse duro y conseguir una buena marca personal para salir en el primer grupo con los favoritos. Consiguió su objetivo, lideró la carrera durante 5 minutos, la primera milla, con un tiempo de 2 m 52 s el kilómetro, fue el protagonista de la carrera ante el asombro de todos los espectadores y de los propios comentaristas del evento que no sabían el nombre del corredor. Al final pagó el esfuerzo y terminó con un tiempo de 3 h 04 m 57 s.

Historias de superación

En 2013, la maratón de Boston sufrió el mayor ataque de su historia. Una edición negra provocada por dos explosiones horas después de que los primeros atletas cruzaran la meta. Un atentado terrorista que sembró el pánico, provocó enormes destrozos y, lo peor, la muerte de 3 personas y más de 300 heridos, muchos de ellos de gravedad. Sin duda, un antes y un después para la seguridad de la prueba.

Unos momentos de terror que quedaron reflejados en muchos de esos heridos, que sufrieron amputaciones de sus extremidades. Una de ellas fue Adrianne Haslet-Davis, quien estaba en la meta animando a sus familiares que corrían la prueba. La segunda explosión le provocó la pérdida de parte de su pierna izquierda. Bailarina de profesión, no se rindió ante la desgracia y, con la ayuda de una prótesis de última generación, logró volver a los escenarios. Además, se propuso correr la prueba y consiguió acabar la maratón de Boston con la ayuda de su familia, demostrando así su valentía y haciendo frente a las adversidades. También busca recaudar fondos para una ONG que ayuda a personas que han perdido alguna de sus extremidades y no pueden hacer frente al elevado coste de las prótesis.

El maratón de Boston guarda en cada uno de los más 30.000 participantes una historia, un sueño, una motivación, algo que les mueve a correr por las calles Massachusetts durante horas y horas cada año. Muchos runners que cada domingo se calzan sus zapatillas para salir a correr sueñan con poder acudir a este evento tan importante, no solo profesionales, sino también quienes lo hacen por hobby, aficionados y atletas amateurs. Por su historia, la gran cantidad de participantes, la competitividad y las grandes historias que esconde, la maratón de Boston es considerada una gran cita ineludible en el calendario deportivo cada año. ©RELEVO

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