Alejandro Diago
Publicado el 22/1/2018 a las 18:30
TIEMPO DE LECTURA: 7 minutos

Cuatro minutos y 28 segundos. Ese fue el tiempo que necesitaron Jayne Torvill y Christopher Dean para parar el tiempo en Sarajevo. Un momento de perfección, belleza y magia sobre una pista de hielo que no se ha vuelto a ver en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Al ritmo del Bolero de Maurice Ravel, los patinadores británicos realizaron una de las coreografías más bellas de la historia de este deporte. Un hito inolvidable.

Pero para llegar a Sarajevo y realizar esa magnífica actuación, el camino no fue nada sencillo para ambos patinadores. Desde que brillaban en categorías inferiores, Torvill en patinaje artístico y Dean en la categoría de baile, estaban destinados a conseguir grandes logros. Y fue una entrenadora de Nottingham, Janet Sawbridge, la que los unió, dando inicio a una de las grandes historias del patinaje artístico mundial.

Torvill y Dean ya empezaban a ser reconocidos en el mundo del patinaje. Su talento no pasaba desapercibido para los rivales. Pero faltaba un impulso que les colocara en la pelea por la gloria mundial. Y ese impulso lo recibieron cuando comenzaron a ser entrenados por Betty Callaway, una preparadora que había tutelado a campeones europeos y mundiales y que guiaría a la pareja desde 1978. Así, lograron su primer gran triunfo: proclamarse campeones británicos en 1979. Torvill y Dean ya eran rivales a seguir.

Los milagros no se dieron dos veces en Lake Placid

La pareja logró billete para los JJOO de Lake Placid en 1980, y se prepararon para sorprender al mundo en el mismo anillo de hielo en el que tendría lugar el Milagro sobre hielo apenas tres días después. Torvill y Dean llegaron a Estados Unidos con un programa largo con canciones como Sing, sing, sing y piezas de Glenn Miller, clásicos de la música de los años 30 en Estados Unidos. El espectáculo comenzó y poco a poco empezaron a impresionar con su baile.

Jayne y Christopher empezaron a sorprender en Lake Placid 1980…

Aunque en aquella ocasión, apenas pudieron pasar del quinto lugar en los Juegos Olímpicos. La juventud de ambos y su ilusión no bastó para que Torvill y Dean pudieran tocar metal en Lake Placid. El oro fue para la pareja soviética formada por Natalia Linichuk y Gennadi Karposov; mientras que la plata fue para una pareja húngara entrenada también por su preparadora, la que formaban Krisztina Regoczy y Andras Sallay; y el bronce para los soviéticos Irina Moiseeya y Andrei Minenkov. Una primera toma de contacto que les sirvió para mejorar.

Un asesor de renombre para brillar

Después del quinto puesto en Lake Placid y del 4º puesto en el Mundial de ese mismo año, Torvill y Dean apenas volvieron a bajar de lo más alto del podio. Porque a partir de 1981, la pareja aumentó sus prestaciones en todos los ámbitos. Y lo harían con un mentor muy particular: nada menos que el actor Michael Crawford, uno de los artistas más icónicos de la escena musical londinense, el West End.

La historia de cómo se conocieron es muy llamativa. Según recuerdan en su autobiografía, la pareja acudió a ver una representación de Barnum, el musical basado en la vida del empresario circense. Al darse cuenta de que ambos estaban en la platea, Crawford invitó a Torvill y Dean a pasar entre bambalinas, y les propuso crear y adaptarles la obertura de Barnum para su competición. El fue casi inmediato, y en presencia de otro de los referentes de la escena londinense como es el maestro Andrew Lloyd Webber, creador y compositor de musicales como El fantasma de la ópera, comenzaron la colaboración.

Unas sinergias que no pudieron ser más fructíferas. Campeones del mundo cuatro años consecutivos, de 1981 a 1984 (siendo 1983 el año el que usaron la obertura de Barnum en el programa libre), tres títulos europeos (1981, 1982 y 1984; en la edición de 1983 se retiraron), y la sensación de que nadie podía alcanzar el nivel ofrecido por Torvill y Dean. Sarajevo les esperaba para la gloria, y allí iban a realizar una de las actuaciones más memorables con una melodía única: el Bolero de Maurice Ravel.

Cuadrar la actuación con las reglas ISU

Había un problema: la pieza musical de Ravel duraba 17 minutos y era necesario recortarla para adaptarla a la normativa de la Federación Internacional de Patinaje (ISU, por sus siglas en inglés). Torvill y Dean acudieron a un productor musical para reducir la duración y condensar la pieza en el tiempo que estipulaba la Federación: cuatro minutos y 11 segundos. Sin embargo, la duración de la grabación una vez editada y mejorada llegaba hasta los cuatro minutos y 28 segundos. Había que buscar una alternativa.

Y Torvill y Dean la encontraron. La normativa ISU preveía que el tiempo de duración de las actuaciones del programa libre comenzaba a contar desde que uno de los patinadores ponía la cuchilla en el hielo. La versión editada del Bolero podría usarse en su totalidad si cumplían esta norma durante 18 segundos antes de clavar la cuchilla y empezar a patinar. Y así lo hicieron. Tras un programa corto en el que protagonizaron una excelente versión del Capricho Español de Rimsky-Korsakov, el 14 de febrero de 1984 se vivió la perfección.

…pero fue en Sarajevo 1984 donde alcanzaron la perfección.

Gloria olímpica y profesionalismo

La puntuación de los jueces no dejó lugar a dudas. 6.0 unánime de todos los jueces de la competición. El oro era suyo, y la fama mundial después de estos Juegos, también. Y es que tras vencer en los Mundiales de 1984, Torvill y Dean arrancaron una carrera profesional que les impidió seguir participando en los Juegos Olímpicos al tener remuneración económica por practicar su deporte. Una normativa que, afortunadamente, fue derogada después de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.

Pero el estar fuera del circuito olímpico no frenó a unos Torvill y Dean que seguían llenando pabellones y recibiendo el aplauso y el cariño del público de todo el mundo. La admiración hacia esta pareja era universal, y ellos respondieron viajando por el mundo llevando su show. Entre medias, les dio tiempo a asesorar a algunas parejas que buscaban la gloria olímpica, como la formada por Isabelle y Paul Duchesnay, que se llevaron la medalla de plata en la danza de los Juegos de Albertville ‘92 con una gran puesta en escena al ritmo de West Side Story.

El regreso en Lillehammer

El gusanillo olímpico había vuelto a picar a Torvill y Dean, y se marcaron un objetivo: volver en los Juegos de Lillehammer 1994. La ciudad noruega acogería la cita olímpica apenas dos años después de Albertville debido a la reestructuración promovida por Juan Antonio Samaranch. Y en esos Juegos se iban a dar cita algunos de los mejores patinadores de todos los tiempos como Katarina Witt, Brian Boitano y los mismos Torvill y Dean. Aunque la llegada de esas estrellas estuvo eclipsada por el affaire ocurrido entre Nancy Kerrigan y Tonya Harding.

Pero Torvill y Dean regresaban, y el público estaba expectante por ver qué pasaba 10 años después de Sarajevo. Y de nuevo, volvieron a impresionar al público al ritmo de un programa libre inspirado en dos gigantes del cine: Fred Astaire y Ginger Rogers. Let’s face the music and dance estaba llamado a dominar en Lillehammer y a devolver la sonrisa a unos aficionados que habían vivido el asunto Kerrigan-Harding con bastante tristeza por lo que suponía para el patinaje.

El programa fue un éxito, con el público completamente entregado a la pareja británica y rendido a sus pies. Sin embargo, la normativa de la ISU volvió a jugarles una mala pasada. Pese a que en campeonatos europeos habían protagonizado su rutina sin problemas, los jueces recordaron la norma que no permitía levantar a las parejas por encima de los hombros. Un elemento que hizo que Torvill y Dean tuvieran que conformarse con la medalla de bronce en Lillehammer, siendo el oro y la plata para las dos parejas rusas.

La noruega Lillehammer supuso el regreso olímpico de Torvill y Dean.

Iconos mediáticos y populares.

Tras Lillehammer, Torvill y Dean siguieron (y siguen) haciendo eventos de patinaje por todo el mundo. Giras en las que llenan pabellones, apariciones en programas de televisión… Y es que, 34 años después de aquella noche en Sarajevo, Jane Torvill y Christopher Dean siguen siendo iconos mediáticos. Prueba de ello fue el regreso a Sarajevo en 2014, en conmemoración de su bella actuación. De nuevo el pabellón de la capital bosnia volvió a llenarse para rendir homenaje a dos figuras que lograron, en una pieza de poco más de cuatro minutos, la perfección. ©RELEVO

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