¿Por qué Sara Marín no puede ser paralímpica?

Tras ganar 9 campeonatos nacionales y su victoria en los Trisome Games de Florencia, la gimnasta ilicitana lucha para que la gimnasia rítmica sea una nueva disciplina de los Juegos Paralímpicos y convertirse así en referente mundial.

Texto e imágenes de Samanta Sempere
@samsem93
Publicado el 21/3/2017 a las 09:00

TIEMPO DE LECTURA: 6 minutos

Sara Marín (Elche, 1996) es una de esas pocas deportistas que no conoce la derrota. Al igual que la pelota que utiliza en alguno de sus ejercicios -sus favoritos-, ella misma ha ido elevándose más y más con el paso del tiempo, sin que la gravedad haga mella en su ascenso. A día de hoy se podría decir que casi ha tocado el cielo de la gimnasia rítmica, y su victoria en verano de 2016 en la primera edición de los Trisome Games de Italia, los primeros juegos internacionales para personas con Síndrome de Down, es la mejor prueba de ello.

Marín se inició en esta disciplina deportiva hace 18 años. Con solo 3 años y la firme determinación de imitar a su hermana mayor, trabajó incansable desde el primer día e hizo frente a las limitaciones físicas que le había impuesto la trisomía cromosómica del par 21: falta de equilibrio, coordinación y elasticidad muscular. Todo ese trabajo ha permitido que ahora la ilicitana sea capaz de realizar movimientos de vértigo con los que la mayoría de personas ni se atreverían a soñar. Su entrenadora, Titi Alberola, destaca que la gimnasia rítmica también ha ayudado a Sara a hacer frente a otro tipo de barreras, más psicológicas. Sara es una persona centrada, responsable y amante de las largas conversaciones (en especial, si giran en torno a su grupo musical preferido: DVicio). La entrenadora también subraya que los deportistas con Síndrome de Down son mucho más positivos a la hora de aprender: ”Nunca les oirás decir ‘esto no me sale’ porque no tienen esa capacidad de frustración. Simplemente, trabajan hasta que lo logran.”

La integración de las personas con Síndrome de Down en el deporte

Ambas, alumna y maestra, cuentan que el camino no ha estado exento de obstáculos. Sara destaca la dureza de las sesiones a las que debe someterse, máxime cuando hay una competición cerca. Son incontables las horas de entrenamiento acumuladas en su pequeño cuerpo y las gotas de sudor vertidas sobre el tapete, y presume orgullosa de no haberse rendido nunca ni haber puesto una mala cara. Por su parte, Titi se refiere a factores más externos.

En la escuela de integración del Club Deportivo Algar, del que Sara forma parte, entrena en muchas ocasiones junto con otras pequeñas gimnastas: comparten instalaciones, profesorado y materiales. Estas circunstancias levantaban ampollas en el pasado, ya que las familias de esas alumnas creyeron que su educación se vería resentida por la presencia de chicas y chicos con discapacidad intelectual.

Otra dificultad a la que han tenido que hacer frente es la de la escasez de recursos. Aunque la escuela de integración del Club cuenta con diversos patrocinadores, aún son necesarias ayudas de carácter más específico. Titi Alberola habla de instalaciones y nuevo material, pero insiste sobre todo en la importancia de contar con un profesorado específicamente formado para sus alumnas y alumnos especiales. “Entrenar a alguien con Down es un proceso en el que para conseguir un poco hay que dar mucho, y no todo el mundo está dispuesto a sacrificar tanto”, comenta la entrenadora.

Un nuevo reto deportivo para deportistas con Síndrome de Down

Tras nueve victorias en campeonatos nacionales, tanto Sara como Titi sentían que habían tocado techo: ambas necesitaban un reto más grande que les impidiera estancarse. Sin la posibilidad de ir a los Juegos Paralímpicos, el cielo se abrió para ellas cuando se anunció la primera edición de los Trisome Games. Este evento, especialmente pensado para atletas con Síndrome de Down e ideado por Marco Borzacchini, presidente de la Federación Italiana de Deportes para Personas con Discapacidad Intelectual (FISDIR), se celebró del 15 al 22 de junio de 2016 en la ciudad de Florencia y reunió a más de mil deportistas de 36 países de especialidades como atletismo, natación, natación sincronizada, gimnasia rítmica, gimnasia artística, judo, tenis de mesa, tenis y fútbol sala.

Cada inscripción al campeonato costaba alrededor de 800 euros, sin tener en cuenta la estancia y diversas tasas a pagar por el camino. En suma, era una desembolso inviable para el C. D. Algar, por lo que se hizo necesario buscar mecenas externos. En este sentido, Alberola se muestra muy agradecida con las redes sociales, que facilitaron la difusión de la noticia y el encuentro con nuevos patrocinadores.

La mayor parte de las aportaciones llegaron de empresas locales, aunque hubo particulares que también se volcaron en la medida de sus posibilidades para cumplir ese sueño. La instructora insiste, así mismo, en el peso que tuvieron las victorias anteriores de Sara Marín a la hora de recibir más dinero: “Pocas deportistas han ganado un campeonato nacional nueve veces seguidas, así que todos sabían lo que apoyaban”.

Tras su debut internacional, Sara regresó a casa con cinco medallas de oro y unas ganas enormes de comerse el mundo. Se sucedieron diversos reconocimientos a todos los niveles, el nombre de Sara se escuchó en medios locales y nacionales, y se volvió mucho más conocida, lo que reconoce que la pone nerviosa y la agobia un poco. Pero, pese a todo, la hora de participar en otra competición fuera de territorio nacional no llegaba. Y es que para desgracia de Marín y otros atletas con Síndrome de Down, no existen más torneos que pongan a prueba sus habilidades deportivas.

Sara Marín junto a Titi Alberola, su entrenadora.

La gimnasia rítmica no tiene su espacio en los Juegos Paralímpicos

El año pasado, la Federación Española de Deportes para Personas con Discapacidad Intelectual (FEDDI) inició contactos con la Asociación Internacional de Deporte para Para-Atletas con Discapacidad Intelectual (INAS) para lograr que la gimnasia rítmica formara parte de los Juegos Paralímpicos, ya que todavía no se reconoce como un deporte de competición. “Nos dijeron que por el momento no introducirán esta modalidad en los Juegos, ya que han metido otras que les interesan más”, dice Alberola.

Ante esta sorprendente respuesta de la entidad organizadora, la Federación ha comenzado a trabajar junto a otras instituciones de otros países para ejercer presión. Aún mantienen la esperanza de que su reivindicación se tenga en cuenta para el próximo ciclo olímpico, aunque quién sabe si para entonces Sara podrá cumplir su sueño y participar en unas Paralimpiadas.

Este es el último reto que separa a Sara Marín de alcanzar su deseo: convertirse en una reconocida campeona mundial y referente para otras deportistas con discapacidad física e intelectual, como lo son para ella Rubén Orihuela, Almudena Cid, Alejandra Quereda o Polina Berenzina. Mientras tanto, la ilicitana seguirá haciendo lo que mejor sabe: entrenar “a tope” y defender con una sonrisa en los labios su título de mejor gimnasta nacional con trisomía. En abril lo hará por décima vez consecutiva en el Pabellón Universitario de Albacete, y ya se ve más que preparada. ©RELEVO

1 Comentario

  1. mª jose rodriguez nuñez

    Creo tiene que ser olímpica la gimnasia rítmica en las paraolimpuadas 2020.
    Marta casado de Ponferrada..pidria tambien prepararse y no tener que cambiar de deporte.

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