MELANY BERGÉS:

“Le tengo pánico a mi prueba a pesar de ser campeona de Europa y cuarta del mundo”

Melany vivió sus primeros Juegos Paralímpicos en Río 2016, en los que consiguió un diploma olímpico en 400 metros lisos T12, y está convencida de que la dificultad se la pone uno mismo.

Una entrevista de Soledad Martín (@solemartinh), Mercedes Esplá (@mercedesespla) y José M. Amorós (@josemamoros)
Imágenes de Soledad Martín 
Publicado el 7/3/2017 a las 12:00

TIEMPO DE LECTURA: 11 minutos

Un ejemplo de no rendirse, de buscar sus sueños y cumplirlos. Melany Bergés (26) no paró de luchar hasta plantarse en el tartán del Estadio Olímpico de Río de Janeiro y convertirse en una de las mejores atletas del mundo. Un diploma paralímpico que oculta una infinidad de secretos por conocer, como que le tiene pánico a su propia prueba. Con nostalgia por estar con su familia, es un referente de positivismo fuera de la pista y un manojo de nervios cuando sale a competir. Melany es una de esas historias de superación del deporte paralímpico español.

¿Cómo empezaste en el mundo del atletismo y cómo llegaste a ser profesional?

Empecé con ocho años haciendo atletismo con la fundación ONCE en una escuela de Barcelona y, poco a poco, fui entrenando más, dos o tres veces a la semana. Después de varios campeonatos de España, llegó mi primer campeonato internacional como Sub 18 en Praga en 2004. ¡Vieron que tenía bastante potencial! Se me daba bastante bien y empecé a hacer un poco de todo, como suele ocurrir con todos los niños. Mis inicios fueron en el salto de longitud y tras Praga ’04 cada vez más fui teniendo más presencia internacional.

Entonces llegó el momento de dar el paso al profesionalismo…

En 2015 ingresé en el Centro de Tecnificación Joaquín Blume de Barcelona. Ahí comenzó la dinámica de entrenamiento seis días a la semana, y así empezó la progresión hasta venir a Madrid. Me vine aquí porque quería cambiar de entrenador. El primer año no estuve becada, por lo que estuve trabajando y entrenando. Al año siguiente pedí la beca de la Residencia Blume, me la concedieron y empecé la universidad. Han sido los cinco años más intensos de mi vida, no sólo por entrenar todos los días, sino también por tener que compaginarlo con la universidad [está acabando el Grado de Magisterio de Primaria]. Además, empecé a ir a campeonatos absolutos a partir de los 21 años y, gracias a ello, he disputado Campeonatos del Mundo, Europeos y finalmente los Juegos Paralímpicos de Río, que han sido la cumbre.

¿Cómo fue el cambio de venirte de Barcelona, con tu familia, a Madrid sola? ¿Cómo lo llevaste?

Pues el cambio fue difícil porque… Bueno, y lo es, estás fuera de casa, no estás con tu familia, que son tus principales apoyos [le cae alguna lágrima de emoción al recordar a su familia], pero hay que seguir. En Barcelona también estaba en el Centro de Tecnificación, pero los fines de semana me encontraba con mis padres. Aquí llega un momento que los echas de menos, aunque te acostumbras a esta vida porque al final no te queda otra que acostumbrarte. Pero se nota, con los familiares, los amigos… Aunque aquí hagas amistades nuevas no es lo mismo. Como la familia, nada.

Pero después de todo ese sufrimiento… ¿Cómo es, después de toda una vida de trabajo detrás, poder convertirse en deportista paralímpica?

¡Qué te voy a decir! Todo lo que te diga va a ser poco porque es una experiencia brutal, súper positiva, enriquecedora y lo mejor a lo que puede optar un deportista.

“Lo que tengo claro es que la dificultad se la pone uno mismo, yo siempre lo digo. La discapacidad está en tu mente y no en lo que tú tengas.”

¿Cómo fue vivir en tus carnes una competición tan soñada?

La verdad es que muy bien. Pensaba que iba a tener más problemas a la hora de competir por el hecho de que hubiera tanta gente, tanta presión, pero al final me crecí bastante en el estadio y fue como un subidón de adrenalina. Los resultados además fueron bastante bien, quedé cuarta en mi prueba [400 metros lisos, T12], puesto de finalista, y fue un premio a todo el esfuerzo.

¿Cómo te preparaste mentalmente para darlo todo en los Juegos?

El año anterior a los Juegos conté con el servicio de psicología del Comité Paralímpico Español. Le tengo pánico a mi prueba, el 400. Cualquiera lo diría, para ser campeona de Europa y cuarta del mundo. Pues sí, me cago viva. Por eso quise contar con un psicólogo para afrontarlo. Además, no sabía cómo me iba a venir estar en un sitio que estaba tan lleno de gente. Quise preparar esa presión a la que me iba a someter. Con la ayuda de un profesional fue casi todo más preparación psicológica. Mi guía también me ayudó muchísimo, fue mi apoyo en todo. Yo estaba que me iba a derrumbar de los nervios en cualquier momento. Pero esos nervios se convirtieron en adrenalina para mí, sobre todo al ver a toda esa gente que estaba ahí. Ni pensé que estaba corriendo, sinceramente.

¿Tuviste más presión a nivel psicológico que a nivel deportivo para intentar conseguir el tiempo que te habías marcado?

Sí, sabía que estaba para hacerlo bien. El trabajo de la presión fue muy importante porque soy de las personas que se autodestruye. Pienso que no voy a poder. No quería defraudar a las personas que me quieren, que me apoyan y por las que estoy aquí.

Pero al final, pudiste luchar en una final de unos Juegos…

Sí, para mí el premio es estar ahí ,la recompensa a todo el trabajo que yo he luchado durante años. Como dice mi entrenador: “La competición es para divertirse, para disfrutar y dar lo mejor de ti, pero disfrutando”. No como hacemos aquí, que estamos todo el día “llorando”. Mi regalo fue estar ahí. Yo luché hasta el final, está claro, pero se pasa bastante mal.

Llegar a unos Juegos no es nada fácil. Hay mucho trabajo detrás… ¿Cómo es tu día a día?

Pff… ¡Pues un poco loco! [ríe] Cuando es época de estudio tengo que entrenar por la mañana, irme corriendo a clases y estar otras seis horas en la universidad. Luego, venir y cenar si me da tiempo, porque aquí tienes que seguir unos horarios. Y después estudiar, o hacer los respectivos trabajos y todas esas cosas. Me suelo levantar sobre las 8:00 o las 8:30. Bueno, aunque cuando me tengo que tomar hierro me levanto a las 7:00, me lo tomo y me vuelvo a acostar [sonríe].

¿Cuánto suele durar un entrenamiento de Melany?

De media suelen ser dos o tres horas. Cuando hacemos periodos de carga, con el volumen de cosas que tenemos que hacer, son cuatro, pero normalmente no supera las tres horas.

¿Te entrenas al mismo nivel cada temporada o varía según el objetivo en mente?

Todos los años el entrenamiento cambia. Al llevar un trabajo hecho, tu cuerpo ya lo ha asimilado y necesita hacer otro nuevo. Si haces el mismo, no mejoras. Es importante marcar el objetivo de la temporada, como es ahora para mí el Mundial de Londres en julio, y organizar la preparación. En mi caso, desde noviembre hasta julio, pero no va a ser la misma del año pasado. Claro que tendrá cosas muy parecidas, pero no va a ser igual, porque el trabajo que ya tienes asimilado tienes que superarlo.

¿Hay alguna diferencia de entrenamiento hay entre un deportista paralímpico y un olímpico?

Yo tengo la suerte de que mi discapacidad me permite entrenar con total normalidad, como mis otros compañeros. Es verdad que a la hora de determinados ejercicios, como por ejemplo las vallas, mi entrenador tiene más cuidado por el tema de la visión y las distancias. Pero mi preparación es como la de una persona sin discapacidad, porque a pesar de ser cierto que tengo problemas a la hora de ver, tengo mi guía, que me ayuda a sentirme más segura a la hora de correr. La luz es lo que más me complica el entrenamiento.

Hablas de tu guía… ¿cómo es de necesaria la complicidad con él?

Yo llevo muy poquito tiempo. Antes no corría con guía porque en mi categoría tienes la opción de llevarlo o no, no como si eres ciego total, que es obligatorio. Pero después de hablar con mi entrenador, y para sentirme más segura y obtener un rendimiento óptimo en mi modalidad, decidimos incorporarlo. Estábamos seguros de que iba a ser algo muy positivo para mí. Por esto mismo, la conexión es algo muy importante y tiene que ser buena, porque influyen muchos factores. Por ejemplo, de altura no somos iguales, su braceo es distinto al mío, más alto. Y claro, él se tiene que adaptar a mí, y yo a él también. Aunque normalmente es el guía el que se adapta al ciego, a su zancada, a todo…

¿Entrenas con gente que no tiene discapacidad? ¿Tu día a día es igual que para ellos?

Sí, yo tengo esa suerte. Porque otras discapacidades, como las físicas, sí pueden tener más dificultad a la hora de entrenar al nivel de los demás. Pero lo que tengo claro es que la dificultad se la pone uno mismo, yo siempre lo digo. La discapacidad está en tu mente y no en lo que tú tengas, aunque es cierto que hay gente que está más limitada tanto física como mentalmente, como son las discapacidades cognitivas. Yo tengo la suerte que entreno con gente que han ido a unos Juegos Olímpicos, como Orlando Ortega o Yidiel Contreras. ¡Entrenamos en el mismo sitio!

¿Cómo es la relación con ellos?

No te puedo decir nada malo, hacen que venga con unas ganas y una alegría enormes. Son personas que transmiten mucha positividad, por cosas que han pasado ellos en su vida, por temas personales. Ellos vinieron aquí y lo pasaron mal con la nacionalidad. Son unos luchadores. Y como yo también soy muy luchadora, me llevo muy bien con ellos y la complicidad es estupenda.

Qué importante es entrenar en un buen ambiente…

El estar en un grupo en el que te sientes bien es súper importante a la hora de entrenar, y más porque tienes que verlos todos los días. Porque todos tenemos nuestro día a día, problemas personales u otras cosas, y venir aquí y que se te olviden porque estás tan a gusto y tan bien… Aquí sufrimos todos, pero estamos súper a gusto y nos apoyamos todos.

Ya nos has comentado que con tus compañeros de entrenamiento es todo genial, pero ¿cómo es Melany cuando sale de la pista y hace su vida normal? ¿Cómo te sientes?

Cuando era más pequeña tenía más problemas, porque, como sabéis, los niños pueden ser muy crueles. Sí que tenía más problemas ahí, de batalla con los compañeros. Pero vamos, eso fue cuando era más pequeña, más adolescente. Ahora no tengo ningún problema con nadie; de hecho, mucha gente no sabe que tengo la discapacidad, se lo tengo que decir yo.

Das charlas a los niños en los colegios. ¿Qué les dices y cómo los has visto de receptivos?

Increíble. Fui allí y aluciné, porque te acogen con un cariño increíble. Les conté un poco mi experiencia personal y profesional, pero sobre todo la personal. Porque mi vida personal es lo que me ha llevado a ser profesional. Lo principal es que nunca hay que rendirse, siempre hay que tener objetivos, aunque sean pequeños. Desde objetivos del día a día hasta cosas grandes como llegar a unos Juegos Paralímpicos. Hay que ser muy constante: aunque las cosas no salgan ahora, saldrán más adelante. El trabajo se queda acumulado dentro de nosotros. No hay que poner límites a nuestros sueños, hay que perseguirlos todos los días hasta que lleguen.

¿Y cuál es el sueño de Melany ahora?

Te diría que ser medallista paralímpica. Pero ahora, para eso, queda mucho todavía. Ahora mi sueño es seguir haciendo lo que me gusta y seguir mejorando en todo, en el atletismo a nivel deportivo y a nivel personal. Seguir creciendo.

¿Cuál es tu mayor ídolo?

Personalmente, para mí, mi ídolo es mi madre. Deportivamente, te podría decir que todos mis compañeros de entreno, para mí son los más grandes, unos ídolos para todo. Lo que les ha costado llegar aquí, como a mí… Quizás también diría Yago Lamela, que en paz descanse. Fue muy importante en salto de longitud, la modalidad que yo practicaba antes, para España. 

Nuestro leitmotiv es “cultura deportiva”. ¿Qué hay que decirles, por ejemplo, a los niños, para que sepan que hay mucho más además del fútbol?

Es difícil, porque nuestro nivel mediático es prácticamente nulo. Si ya para los olímpicos es nulo, imagínate para los paralímpicos. Yo siempre recomiendo probar todos los deportes. Que los sufran en sus propios cuerpos y que digan qué es más o menos difícil, y qué cuesta más y qué no, lo que les gusta y lo que no. Pero lo importante es que sepan todas las disciplinas que hay, además del fútbol, que es lo único que hay en la televisión, las radios y los medios. Parece que lo demás no exista. Pero también debe ser trabajo de los padres inculcarles a sus hijos que hay más deportes. Es muy difícil abrirnos hueco. ©RELEVO

 

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