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Bea Lara
Publicado el 3/2/2018 a las 18:00
TIEMPO DE LECTURA: 7 minutos

Si te suena el nombre de Surya Bonaly seguro que conoces su proeza deportiva más famosa: es la única patinadora (o patinador) sobre hielo que ha sido capaz de dar un salto hacia atrás y caer sobre un solo patín.  No es ninguna tontería: si ya es complicado hacerlo sobre tierra firme, caer sobre una afilada cuchilla en el resbaladizo hielo sin partirse el tobillo es más propio de artistas de circo que de deportistas de élite, siempre cuidadosos de llegar al límite de su resistencia sin comprometerse con una lesión. Pero Surya Bonaly estaba acostumbrada a bailar sobre la línea roja.

Una de las patinadoras francesas más célebres de la historia de este deporte consiguió tres platas mundiales, cinco Campeonatos de Europa –Javier Fernández acaba de conseguir el sexto de su carrera- y nueve Campeonatos Nacionales. Pero las medallas olímpicas siempre se le resistieron. Y es que en sus primeros Juegos ya dio la nota.

Espíritu puro de atleta olímpica

Surya Bonaly llegó al mundo en Niza, pero sus padres adoptivos y su primer entrenador prefirieron contar a los medios que había nacido en la isla de Reunión porque sonaba más exótico. Como si una deportista tan destacable y sobresaliente como Bonaly necesitara un relato aún más singular que el que ella misma podía construirse patinando… El primer acercamiento de Surya al deporte fue a través de la gimnasia. Eso puede hacer entender su gran capacidad atlética y su talento para los saltos que tanto hacen sudar a otros patinadores. A los once años comenzó a patinar. El miedo no entraba en su vocabulario, tampoco las lesiones: se rompió ambas muñecas antes de aprender a caer sin consecuencias en el hielo.

Con un espíritu decidido y una vocación totalmente original, destacaba entre otras patinadoras. Como ya hemos comentado en otras historias, el patinaje artístico ha sido un deporte machista, donde los roles de género han estado muy definidos: el patinaje masculino se basaba en la parte más atlética del deporte (saltos, sobre todo) y el patinaje femenino se basaba en la elegancia y el estereotipo de princesa sobre hielo… Y como cualquiera puede imaginar, este estereotipo se acerca más a esperar que las patinadoras sean muñecas silenciosas que mujeres de gran personalidad que se salen del molde.

En su primera cita olímpica, Albertville 1992, ya hizo algo que la puso en el punto de mira de los jueces. Ni siquiera fue un movimiento en competición, pero ya puso a muchos en alerta sobre lo que Bonaly era capaz: en un entrenamiento, realizó un salto hacia atrás. Aterrizó cerca de Midori Ito y los jueces le prohibieron hacerlo de nuevo. Era demasiado peligroso. Era un movimiento ilegal. No estaba bien visto. En esa misma competición, Surya trató de realizar un cuádruple toeloop. No lo logró. [Actualmente no suele ser un movimiento que se vea en los programas de patinaje femenino; no así en los de masculino. Sobre los saltos cuádruples, la célebre comentarista Paloma del Río ha comentado en las competiciones de esta temporada que deslucen la competición por las caídas que provocan en los patinadores] Como decíamos, Surya Bonaly no logró completar ese cuádruple toeloop: faltaba parte de la última vuelta para que hubiera sido válido. Pero fue el primer cuádruple toeloop que realizó una patinadora y, hoy en día, un salto como ese se contabilizaría como un cuádruple toeloop con una rebaja en el grado de ejecución. No le sirvió para mucho: quedó quinta en estos Juegos.

Escándalos ¿raciales?

De camino a su segunda cita olímpica consiguió su primera plata mundial. Era 1993 y el Campeonato del Mundo se celebraba en Praga. Oksana Baiul y Surya Bonaly quedaron muy cerca en puntuación, pero Bonaly quedó por detrás por su puntuación en presentación. No sería su última plata mundial. El Campeonato Mundial de Chiba en 1994 le tendría reservada una sorpresa poco grata: un empate -¡qué difícil coincidencia!- con la favorita del país nipón, Yuka Sato. La decisión final se dirimió por un voto y Bonaly quedó relegada al segundo puesto. La francesa no quiso subir al podio en protesta a una decisión que consideraba injusta, aunque fue obligada a hacerlo. Allí, en lo (segundo) más alto, se quitó la medalla. Fue considerada mala perdedora por ese gesto. Otra losa más en su mochila de rebelde. ¿Tenían razón esas críticas? ¿O pesaba más el espíritu conservador y el sesgo de género que caracteriza a este deporte? ¿Estaba abriendo esta patinadora, con su ruptura de la noción de lo que debía ser una patinadora, una herida dentro de esta disciplina? “Simplemente no tengo suerte”, dijo a los medios.

Surya Bonaly abrió, en primer lugar, este deporte a muchos negros que encontraron en ella un espejo donde reflejarse, teniendo en cuenta que es un deporte donde la diversidad solo alcanza al hemisferio norte (y no a todo él). Ella misma aseguraba que si no hubiera sido negra le habría sido más fácil conseguir patrocinadores. No es ningún secreto que la piel blanca es la predominante, todavía hoy, en las pistas de patinaje (como siempre, con excepciones). ¿A qué se debe esto?

Esta patinadora también fue famosa por una contingencia derivada de su color de piel: no había medias para patinar que combinaran con su color de piel. Desde el privilegio blanco puede parecer una circunstancia superflua, pero en las patinadoras blancas se da por sentado que las medias son de color piel (piel blanca, claro). Bonaly decidió no usar medias… Y fue un escándalo. El escándalo fue que no usara medias, no que no se tuviera en cuenta que pudiera haber patinadoras negras.

Era cada vez más conocida en el circuito deportivo por sus excentricidades, que no se limitaban a sus protestas o su forma de patinar, que fue criticada por jueces y periodistas por su estilo inusual, lejos del estilo más clásico y femenino de otras patinadoras, y que se extendían a los estilos de música elegidos -como ¡las Spice Girls!- o la ropa escogida en sus números, a lo que no ayudaba su estatura y cuerpo atlético, poco grácil. Pero su estilo se caracterizaba por una gran confianza en sí misma y una búsqueda constante de lo imposible.

El backflip de 0,0

En mayo de 1996, Bonaly se rompió el tendón de Aquiles. Esta lesión la apartó de las pistas durante gran parte de la siguiente temporada. Para volver a ponerse a punto de cara a la cita en Nagano 1998, se puso en manos de su madre (que ya llevaba años entrenándola) y de la celebérrima entrenadora Tatiana Tarasova. Pero la cita olímpica no fue tan bien como pudiera esperar.

Los espectadores de la final femenina de patinaje en Nagano 1998 tenía todas sus miradas puestas en el duelo entre la elegante y grácil Michelle Kwan, heredera de Nancy Kerrigan, y la debutante Tara Lipinski. Pero la competición -concretamente, Surya Bonaly- aguardaba todavía sorpresas. Kwan ganó el programa corto. Tenía todo al alcance para ganar el oro. Pero Lipinski no había dicho la últiima palabra: en el programa libre añadió combinaciones con triples y se convirtió en el oro más joven entregado hasta ese momento.

Mientras, Surya Bonaly no tuvo un buen resultado en el programa corto. No tenía nada que hacer, lejos como estaba de las primeras posiciones y a años luz de las posibilidades de subir al podio. Posiblemente hasta había renunciado a ser aceptada: no tenía mucho que perder y se la jugó. Inteligentemente, por cierto: realizó su famoso salto hacia atrás, el backflip, cayendo sobre un patín (no los dos a la vez), desafiando a los jueces a puntuar su movimiento, ya que el reglamento indica que todo salto debe aterrizar sobre un filo. No coló, y no solo no fue puntuado, sino que, bajo el criterio de que este era demasiado peligroso, le realizaron una deducción por su atrevimiento. No se ganó a los jueces, pero se ganó e inspiró a muchos aficionados. Bonaly estaba contenta con su decisión y su actuación le valió un décimo puesto. Tras Nagano 1998, Surya se retiró de la competición.

Hasta Surya Bonaly (y después), la mayoría de saltos hacia atrás se realizaban en exhibiciones. Surya es la única en hacerlos sobre un solo pie, pero existen algunos precedentes, todos de patinadores masculinos, de backflips sobre dos pies en competición. El único que se ha tomado como legal ha sido el de Terry Kubicka, que fue el primero realizado en competición. Después de su actuación, se prohibió este tipo de salto. ©RELEVO

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