Rubén Martín Bravo
Publicado el 26/1/2018 a las 20:00
TIEMPO DE LECTURA: 4 minutos

Si uno le pregunta a un no aficionado a los deportes de invierno si recuerda algún evento olímpico de nieve o hielo, es probable que lo único que le suene sea haber oído algo de unos caribeños sobre un trineo. Incluso puede que haya visto una película sobre ellos… Treinta años después del acontecimiento que pudimos presenciar en Calgary, los Juegos de Pyeongchang volverán a sorprender a más de uno.

En la ciudad surcoreana, el bobsleigh atraerá la atención mundial por dos motivos. En primer lugar, las deportistas Seun Adigun, Ngozi Onwumere y Akuoma Omega llevarán orgullosamente el nombre de Nigeria por el revirado y helado trazado. En segundo lugar, Jazmine Fenlator-Victorian y Carrie Russell repetirán tres décadas después la gesta de sus compatriotas jamaicanos, pero esta vez en categoría femenina.

En Jamaica existen unas carreras en pendiente mediante unos curiosos carricoches de tiro. Según la Federación Jamaicana de Bobsleigh, dicha tradición inspiró a George Fitch y William Maloney, dos comerciales estadounidenses que residían en la isla, en los años 80. Para ellos, el deporte en general, y el bobsleigh en particular, se asemejaban con su velocidad, su vértigo, sus curvas y sus frenazos finales a la propia vida. Y con plena ilusión, decidieron crear un equipo para que el país participara en los Juegos Olímpicos de Invierno.

Podían estar locos, pero acudieron con su idea al comité olímpico de la nación. Dudley Stokes, que formó parte del mítico equipo, era soldado en aquellos años. Admite que empezó a practicar el bobsleigh porque le obligaron: “yo era Capitán en el Ejército, y si el Coronel te ‘sugiere’ hacerlo, obedeces órdenes.”

Según Stokes, los estadounidenses pensaban que la experiencia de las carreras de tiro más la tradición atlética de los velocistas jamaicanos, podían conjugarse de buena manera sobre el trineo. Pero al no encontrar a nadie dispuesto ni que practicara bobsleigh, tiraron del Ejército. “Y así me reclutaron”, afirmaba Stokes. “Una vez allí, me enganchó.”

Se intentaron contratar técnicos de calidad tanto de Estados Unidos como de Austria –como Howard Siler-, y se programaron entrenamientos tanto en Europa como en las célebres instalaciones de Lake Placid, que ya habían visto pasar dos Juegos Olímpicos. George Fitch financió personalmente la preparación con 92.000 dólares. Los Juegos de Calgary comenzaron el 13 de febrero de 1988, pero Stokes confiesa que fue en septiembre de 1987 la primera vez en su vida que vio un trineo.

Diez días antes de la ceremonia de inauguración en Calgary, malas noticias. El COI no permitía a Jamaica competir. Pero el Príncipe Alberto de Mónaco, que debutaba también en esos juegos, recordó al Comité Olímpico Internacional que los jamaicanos se habían clasificado y cumplían todos los requerimientos. Sólo porque ellos no pensaran que fuera una apuesta seria, no podía dejárseles sin el premio de participar. Iba en contra del tan manido Espíritu Olímpico.

Sobra decir que la popularidad de los jamaicanos en la villa olímpica fue enorme. Fueron recibidos con sorpresa pero también con los brazos abiertos. Por miedo a las multitudes, la Federación Jamaicana de Bobsleigh no les permitió abandonar las instalaciones mientras duraron los Juegos. La prensa, especialmente la estadounidense, les prestó gran atención.

Lógicamente, no fue nada fácil para ellos. En principio, la idea era que participaran en la competición de bobsleigh a dos, pero tras superar a diez naciones en las clasificatorias no tenían intención de convertirse en comparsas. Aún así, había varias desventajas: nunca habían probado en un cuádruple, se habían quedado sin dinero y nadie en su sano juicio les iba a prestar un trineo adecuado. Un bobs nuevo podía llegar a costar 25.000 dólares. Además, solo eran tres las personas disponibles en principio: Devon Harris, Michael White y Chris Stokes (Freddy Powell acabó abandonando).

Vendiendo camisetas (gracias a la popularidad creciente del equipo) con el eslogan Lo más caliente sobre el hielo, Fitch acabó recaudando 24.000 dólares más y le compró un bobs a cuatro al combinado canadiense. Dudley Stokes, el hermano de Chris, fue finalmente reclutado y se formó el equipo que en último término llegaría a Calgary.

40.000 personas abarrotaban los alrededores del trazado de bobsleigh de la ciudad canadiense el día que los jamaicanos debutaron. Aquel ilusionante pero nefasto día, su salida fue veloz pero Stokes perdió el control a unos 136 km/h en la octava curva y se estrellaron. Sus compañeros se encontraban atrapados bajo el trineo. Tras diez segundos de angustia, todos fueron respondiendo y empezaron a moverse, magullados pero vivos. La tragedia se había evitado. Poco había durado su aventura. Solo pudieron empujar el trineo hasta llegar, pausadamente, a la línea de meta. “Era lo único que podía haber hecho cualquier equipo”, relataba Devon Harris. Y no, no levantaron el trineo sobre sus cabezas como imaginó la película de Hollywood que se filmó posteriormente.

Harris relataba: “Lo peor era pensar que habíamos fallado a nuestro país delante del mundo entero. Pero realmente era mi séptima caída de la temporada”. Al público le dio igual. Vítores, aclamaciones y estrechar de manos se sucedieron. Su único registro oficial fue un 30º puesto en la competición de dúo. Daba igual. Abrieron camino, más allá de las suspicacias, a multitud de atletas y naciones modestas o inesperadas. Una vez más, llegar contó más que ganar para la historia del deporte. ©RELEVO

Uno de los equipos más míticos… aunque no acabaran la competición.

Vídeo del Comité Olímpico Internacional.

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