En busca de un espacio propio

El curling trata de encontrar acomodo en una sociedad, la española, aún poco acostumbrada a apostar por los deportes de invierno.

Eduardo de Paz
@edupaz
Publicado el 10/3/2017 a las 11:00

TIEMPO DE LECTURA: 13 minutos

Hablar de un deporte con más de 500 años de historia debería ser sencillo en cualquier lugar del mundo, pero en un país como España, en el que el fútbol lo tiraniza todo hasta límites insospechados, ningún otro deporte tiene fácil encontrar su hueco. Mientras en otros países el curling es practicado por una legión de incondicionales, en nuestro país es poco menos que un deporte residual, lastrado por la desidia de las instituciones a la hora de invertir en cualquier cosa que no asegure una foto durante el mandato correspondiente, y por el escaso o nulo apoyo por parte de los medios de comunicación, centrados en hablar sólo y exclusivamente del deporte rey, mientras todos los demás sobreviven más por esfuerzos personales que por auténticos planes institucionales de mejora.

A nivel internacional, el curling es practicado desde hace muchos años en los países con más tradición invernal, aunque su despegue definitivo se inició tras su inclusión en el programa olímpico para los Juegos de Nagano de 1998. El que hasta ese momento no era visto para muchos más que como un divertimento de las zonas montañosas de Europa central o de Canadá, destacó rápidamente como un deporte en el que la estrategia y la excelente forma física de los competidores rompían de forma radical con los estereotipos creados a su alrededor. Sin duda, fue el deporte estrella de aquellos Juegos y, aunque en nuestro país cueste creerlo, las audiencias televisivas de los partidos de curling normalmente superan sobradamente a las de otros deportes más consolidados en la mentalidad invernal de los deportistas de sillón. Esquí alpino aparte, por supuesto, que destronar al rey de los Juegos de Invierno es realmente complicado.

Cierto es que los Juegos Olímpicos tienen esa magia especial que hace que los no aficionados a un deporte se pasen horas pegados a la pequeña pantalla, disfrutando de diversas disciplinas que durante el resto de la Olimpiada apenas reciben atención por parte de los medios. Pero cuando las audiencias de un deporte sobrepasan a las de otro en el que compite una estrella local con opción a medalla es que algo sucede. Y no hay que irse muy lejos para verlo. Ocurrió aquí mismo, en España, durante los pasados Juegos de Sochi. RTVE emitía el partido de curling entre las selecciones femeninas de Suiza y Canadá, sin duda uno de los más interesantes de la competición, cuando con buen criterio interrumpió la emisión del mismo para dar paso a la actuación de Javier Fernández, que optaba a colgarse una medalla en la competición de patinaje artístico, para posteriormente seguir emitiendo el resto del partido de curling en directo. La sorpresa llegó al día siguiente cuando salieron los datos de audiencia, en las que el partido de curling había sido la emisión más vista de la cadena y, curiosamente, esa audiencia había descendido durante la emisión del patinaje artístico (con un español jugándose una medalla, no lo olvidemos), para de nuevo recuperarse con la reanudación del encuentro de curling. Puede que sea algo anecdótico por esa magia olímpica de la que hablábamos, pero no deja de ser un dato muy significativo sobre este deporte.

El despegue del curling en todo el mundo

La inclusión del curling como deporte olímpico en 1998 trajo un desarrollo para el deporte como pocas veces se ha visto. Repentinamente, la World Curling Federation (WCF) empezó a recibir una gran cantidad de dinero procedente de los derechos televisivos, publicidad, etc., que decidió reinvertir en la difusión del deporte. Si hubiera pasado en España seguramente ese dinero habría acabado engrosando las cuentas de cenas, alojamientos en habitaciones VIP, viajes de directivos sin fin… Vamos, lo habitual en la mayoría de federaciones nacionales, en las que los deportistas son los que reciben mucho menos dinero para sus actividades del que deberían, mientras no se escatiman gastos en otras cuchipandas. No descubrimos nada nuevo, que nadie se alarme, es la tónica habitual en nuestro país, y más de una Federación ha tenido ya que ser intervenida por el CSD para reflotarla tras la nefasta gestión de unos dirigentes a los que nadie, curiosamente, ha pedido responsabilidades por sus actos. Una minoría, ciertamente, pero los excesos de ciertos presidentes federativos son más que conocidos por todos. ¿Hacemos cuentas por una parte del número de deportistas y por otra del número de directivos y acompañantes que acuden a los Juegos de Invierno como parte de la delegación española?

Pero, afortunadamente, la WCF no es una federación española, y desde el inicio su decisión fue la de invertir esos fondos buscando la promoción y expansión del deporte. No solo ha negociado con diversas cadenas televisivas para emitir competiciones de curling, sino que además ha creado su propia productora (WCTV) para no depender de los demás a la hora de realizar un producto de calidad que pudiera ofertarse a las cadenas interesadas. Es decir, es mejor crear lo que se quiere que salga por televisión antes de confiar en alguien que desconoce el deporte y que probablemente no sabrá muy bien lo que va a acabar haciendo. El resultado no ha podido ser mejor y las emisiones, tanto a través de las televisiones internacionales, como a través del canal de streaming de la propia WCF en Youtube, son cada vez de mayor calidad.

Hay un país que puede vivir al margen de esto y que no necesita ningún tipo de promoción externa. Ese país es Canadá. El curling es el deporte más practicado en el país y sólo el hockey sobre hielo, su deporte nacional, suma más aficionados. La federación local supera el millón de licencias y rara es la localidad que no tiene su propia pista de curling. Las mejores competiciones se disputan en el país norteamericano y hay incluso jugadores que son capaces de vivir de él, ya sea a través de los premios ganados en competición como de los múltiples patrocinadores que confían en ellos a la hora de publicitar sus marcas comerciales.

En el resto del mundo ha habido un antes y un después de los Juegos Olímpicos de Nagano. Hasta entonces, Escocia (dónde se inventó este deporte), Suiza y los países nórdicos eran los únicos en los que se podía practicar curling de manera habitual. Pero desde 1998 y, sobre todo, desde que la cadena paneuropea de deportes Eurosport comenzó a emitir de forma asidua los diferentes campeonatos europeos y mundiales, el curling despegó de forma meteórica. Países con escasa o nula tradición en este deporte comenzaron a invertir en él, las ayudas de la WCF fluyeron hacia los países emergentes y, en cuestión de menos de 20 años, se ha pasado de disputar unos Campeonatos de Europa con la presencia de 17 naciones a tener 37 países inscritos en 2016, lo que ha obligado ya desde hace unos años a tener que disputar en abril una tercera división europea ante la imposibilidad de poder acoger a todos los países participantes en una semana de competición, como se hacía antaño. Tan sólo Portugal, con aún más problemas que España en lo que se refiere a los deportes de invierno, parece estar al margen de la fiebre que ha provocado el curling en toda Europa.

“Cuando las audiencias de un deporte sobrepasan a las de otro en el que compite una estrella local con opción a medalla es que algo sucede”

La realidad de este deporte en España

España fue uno de los países que adoptó el curling tras los Juegos Olímpicos de Nagano y el inicio de las emisiones de las diferentes competiciones a través de Eurosport. En 1999, varios jugadores iniciaron la práctica del mismo más con el corazón y las ganas de jugar que con medios. La primera participación española en unos campeonatos de Europa fue en 2002, y desde entonces el curling ha ido creciendo en número de clubes hasta alcanzar los catorce, repartidos en seis comunidades autónomas: Cataluña (5), País Vasco (4), Castilla y León (2), y Aragón, Madrid y Andalucía, con un club cada una.

Sin embargo, los problemas que se ha encontrado el curling en España han provocado que su implantación se haya frenado en seco en los últimos años. Por alguna razón que alguien deberá explicarme algún día, a cualquier deporte que se practique en invierno se le impide formar su propia federación deportiva y tiene que pasar a engrosar las listas de las Federaciones Españolas de nieve o de hielo, una lacra que los deportes de verano no tienen que sufrir. El curling no ha sido una excepción y, al contrario de lo que ocurre en la mayoría de los países en los que existe una federación o asociación nacional de curling, en España este deporte está englobado dentro de la Federación de Deportes de Hielo. Como quiera que las federaciones territoriales no están separadas en nieve o hielo como ocurre a nivel nacional, al final resulta que el curling está sujeto a las directrices y caprichos de una serie de gente cuyo único interés está en otros deportes que no tienen nada que ver con el curling, incluyendo algunos presidentes territoriales que no quieren saber nada de otros deportes que no sean el esquí. Así, mientras en otros países se invierte mucho y bien en promocionar el curling, en España este deporte recibe sólo las migajas que quedan sueltas en los presupuestos, tras una lucha intestina por parte de los pocos que quieren sacar este deporte adelante.

El ejemplo de lo que se podría conseguir con un mínimo de interés por parte de las administraciones y federaciones correspondientes lo tenemos en lo conseguido por otros países que hasta hace 10-15 años estaban en una situación muy similar a España, como la República Checa, Hungría, Países Bajos, Estonia, Letonia, China… Muchos de estos países son ya habituales en el grupo A del europeo, e incluso han conseguido títulos mundiales (como Hungría o China). Y eso que alguno de estos países incluso se iniciaron en el curling con posterioridad a España, pero supieron invertir en este deporte promoviendo la construcción de pabellones con hielo específico para la práctica del curling. Y es que quizás uno de los problemas que se encuentran los jugadores españoles es la de hacer comprender a los neófitos en la materia que la superficie helada sobre la que se deslizan las piedras de curling no tiene absolutamente nada que ver con la utilizada para la práctica del hockey o la del patinaje. Por poner un ejemplo, es como querer jugar al baloncesto en un campo de hierba dedicado a fútbol. Al fin y al cabo, los dos son deportes de balón, ¿no? Está claro que se puede hacer pero en unas condiciones pésimas. ¿Alguien preguntaría por la posibilidad de conseguir medalla si la selección española de baloncesto entrenara en un campo así? Pues aunque parezca increíble de creer, alguien en el CSD hizo esa pregunta hace ya tiempo, cuando se le habló del curling. España y sus dirigentes en estado puro.

“A cualquier deporte que se practique en invierno se le impide formar su propia federación deportiva y tiene que pasar a engrosar las listas de las Federaciones Españolas de nieve o de hielo, una lacra que los deportes de verano no tienen que sufrir”

Los jugadores españoles llevan años pidiendo una instalación de curling para poder progresar. Incluso hubo un proyecto privado de construcción de una instalación en Madrid que (¡pásmense!) fue torpedeado por gente de la propia Federación Española, afortunadamente ya fuera de los puestos de dirección, más preocupados por seguir siendo cabeza de ratón antes que pasar a ser cola de león. Tan sólo los esfuerzos de la gente responsable del curling en la actual Federación para dotar a este deporte de las mejores condiciones posibles de entrenamiento han hecho que en los últimos años una de las dos pistas con las que cuenta la instalación de hielo de Jaca se pueda dedicar durante muchas semanas al año a la práctica en exclusiva del curling, aunque siempre fuera de las grandes semanas festivas nacionales (Navidad, carnavales, Semana Santa, puentes…), en los que la masiva afluencia de turistas al pirineo aragonés hace que las dos pistas se tengan que dedicar a las sesiones públicas de patinaje. No es criticable, las instalaciones de hielo tienen muchos gastos y es lógico que traten de sacar el mayor rendimiento posible durante estos días de masiva afluencia de patinadores, pero, para el curling, el no disponer en estas fechas de una pista para promocionar el deporte complica sobremanera el poder realizar cursos y enseñar a los posibles nuevos jugadores.

A pesar de todo esto, los jugadores españoles se las han ingeniado para ir mejorando poco a poco y cuentan ya con varios éxitos internacionales, como el ascenso a la primera división europea masculina en 2008 (categoría que, lógicamente, no se pudo mantener) y, sobre todo, la medalla de bronce en el mundial de la categoría de dobles mixtos conseguida en 2014, una especialidad que, por cierto, debutará en el programa olímpico en los próximos juegos de 2018.

Pero estos éxitos han llegado más por el esfuerzo individual de los jugadores que por el resultado de un programa institucional a todas luces inexistente. Los equipos que quieren progresar no dudan en salir fuera de nuestras fronteras para jugar torneos internacionales en hielo dedicado a curling y poder así ir puliendo poco a poco los múltiples defectos que se adquieren al entrenar en un hielo nefasto para este deporte, como el que se encuentra en las diferentes pistas de hielo españolas. Las pocas ayudas económicas que pueden conseguir gracias a determinadas administraciones autonómicas se dedican por completo a financiar estos viajes de entrenamiento, teniendo que cubrir el resto de los costes con recursos propios de cada jugador. Es el triste panorama del deportista amateur español al que luego, eso sí, desde las más altas instancias se le exige lo mismo que al deportista profesional en determinados asuntos como, por ejemplo, el dopaje, sin contar que un amateur no tiene ni de lejos los medios que tienen otros para poder controlar si lo que toman para curar un simple resfriado común puede o no dar positivo en un control antidopaje.

El futuro del curling en España

Cualquier aficionado que esté leyendo esto no tendrá más que dudas sobre la posibilidad de que este deporte despegue en España, y, sin embargo, el margen de mejora del curling nacional es inmenso. Si los éxitos logrados se han conseguido sin disponer de una sola instalación específica para curling, nos podemos imaginar cómo podría despegar este deporte si las instituciones decidieran por fin impulsar la construcción de una o varias instalaciones como las ya comentadas. España podría entonces plantearse, ahora ya de verdad, competir por clasificarse para unos Juegos Olímpicos y empezar a pensar en codearse con lo más granado de este deporte a nivel mundial. Quizás entonces sí que pueda contestarse afirmativamente a la cuestión de las posibilidades de medalla que tanto preocupa a ciertos funcionarios deportivos de este país.

No podemos olvidar que el curling es un deporte que puede ser practicado por cualquier persona, que se puede jugar desde los 12 años (antes si se cuenta con piedras especiales para niños) y hasta que el cuerpo aguante. Los diferentes torneos amistosos (denominados bonspiel) que se celebran durante toda la temporada invernal en múltiples localidades europeas están repletas de equipos formados por hombres, mujeres, niños, jubilados… incluso el curling en silla de ruedas tiene su espacio dentro de la WCF y celebra su mundial todos los años.

No es extraño encontrar en este tipo de torneos equipos formados por un matrimonio y sus dos hijos compitiendo y disfrutando de un ambiente extraordinario como el que se observa en cada bonspiel. Y es que existe una norma no escrita en el mundo del curling que dice que el equipo ganador está moralmente obligado a invitar a tomar algo al equipo perdedor, compartiendo después del partido unos agradables minutos de conversación que en la mayoría de los casos se acaban convirtiendo en amistades que perduran por años. De ahí que se diga que en el curling todo el mundo gana, o bien lo haces antes sobre la pista o posteriormente lo haces en el bar. Y es que con estos valores que tanto enorgullecen a los jugadores de curling, ¿cómo no apostar por un deporte así? ©RELEVO

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