“El snowboard me ha dado la vida otra vez”

Tras la amputación en una de sus piernas por un atropello en 2009, la barcelonesa Astrid Fina encara sus segundos Juegos Paralímpicos con apenas 5 años en el mundo del ‘snow’: “Soy súperfeliz, no quiero volver a la vida de antes”.

José M. Amorós
@JoseMAmoros
Imágenes cedidas por Astrid Fina. Imagen principal de Jon Santacana.
Publicado el 1/12/2017 a las 19:15

TIEMPO DE LECTURA: 12 minutos

ETIQUETAS: ENTREVISTA, ASTRID FINA

¿Empiezas a soñar con los Juegos Paralímpicos de Pyeongchang 2018?

El sueño de todo el mundo es hacer medalla. Es el sueño de cualquier deportista que va a unos Juegos Olímpicos o Paralímpicos, pero hay que ser consciente de que está súperdifícil. Si yo estoy entrenando a tope para el objetivo, las otras han entrenado tanto o más que yo para conseguirlo. Mi objetivo tengo que ir viéndolo con el paso de las competiciones internacionales que tengo hasta los Juegos. Hay que ver mi nivel y el de las contrincantes aún. Yo estoy dándolo todo para mejorar y llegar a lo más alto. Pero, uf… son demasiados factores. Es imposible predecir. Mi sueño es conseguirlo en estos o, si no, en los siguientes.

¿Cómo ha empezado una temporada que debe convertirse en la mejor de tu carrera?

La temporada no ha empezando como yo esperaba, aunque son las primeras competiciones y tengo que aprender: tengo que trabajar más para llegar a los Juegos, que es el gran objetivo de la temporada. El año pasado me fue muy bien, aunque espero que este sea aún mejor y sea el más importante de mi trayectoria. Ya me he dado cuenta de que no puedes bajar la guardia ni un segundo. Soy consciente de que terminé la temporada pasada súperbien y he empezado la nueva fatal. Pero eso me da fuerzas para seguir luchando y mejorando. Con las primeras competiciones ya he notado no haber hecho nieve este verano. Solo he hecho 13 días de nieve.

¿Trece días? ¿Eso es muy poco, no?

No hay mucho presupuesto. Hemos hecho dos concentraciones: una de ocho días y otra de seis. Y eso es todo lo que tocado la nieve este verano.

Para hacerse una idea de cuál es la media normal de días de nieve que suelen hacer los equipos nacionales que compiten contra ti: ¿Has hablado con algunas de tus competidoras o sabes cuánto tiempo de entrenamiento hacen las demás?

No he hablado directamente con ellas, pero sí que las he seguido en las redes sociales. He visto que están entrenado desde junio sobre nieve. No sé exactamente los días que habrán hecho, pero sí han hecho más que yo, seguro. Aunque esto no es un excusa, ¿eh? No me excuso de que yo haya empezado mal la temporada porque el resto hayan podido entrenar más que yo. Pero sí es un factor a tener en cuenta.

Imagen derecha obra de Natasja Vos.

Ahora con las redes sociales se puede ver todo… ¿Qué sientes al ver que tus contrincantes están preparando una competición en la que te vas a encontrar con ellas y tú estás en casa? La envidia te tiene que comer por dentro…

Exacto. Es eso, tal cual: envidia.

¿De quién es la culpa? ¿Por qué no podéis hacer más días de entrenamiento sobre nieve?

No sé quién debería hacerlo posible. Pero lo que tenemos claro es que hay un presupuesto y no nos da para hacer más días en verano.

¿De dónde os llega el dinero para poder seguir haciendo vuestro trabajo?

Quien más dinero nos da es la Fundación Repsol. Luego recibimos ayudas, subvenciones, becas… Pero de todo eso cada vez se está recortando más. Esos recortes se convierten en que cada vez tenemos menos días de entrenamiento.

No solo están los entrenamientos; luego están las competiciones. ¿Quién os las financia?

A mí y a Vic González nos lo paga el equipo nacional. Los otros chicos que están intentando entrar al equipo se lo están pagando todo ellos. En el equipo no puedes entrar hasta que no tienes unos resultados; cuando estás dentro del equipo ya te lo pagan todo. Por ejemplo, estas concentraciones de verano de las que hablaba (las que llegan), competiciones, estancia en el Valle de Arán en invierno… Es decir, yo lo tengo todo pagado.

¿Podéis ir a las grandes competiciones de vuestro calendario con ese presupuesto del equipo nacional?

En principio, vamos a todas las competiciones. Eso sí, si sale alguna nueva, que no estaba prevista, no podemos ir. No se saca dinero de un día para otro porque es un presupuesto que se prepara de un año para otro. Esa circunstancia nos ha pasado alguna vez.

Además de las ayudas oficiales, también son importantes los patrocinios de las empresas.

Las empresas deberían confiar más en el deporte, sobre todo, paralímpico, y si es de invierno ya sería lo más. Aquí en España, deporte paralímpico y de invierno… Creo que he escogido mal. Las empresas pueden, y deberían, apoyar más al deportista paralímpico, aunque sea creando proyectos para darnos visibilidad. Simplemente con darnos esa visibilidad, que la gente sepa que existimos. Solo eso sirve para ayudar a los demás porque hay gente que no sabe que se hace deporte paralímpico. Las noticias solo dan las Olimpiadas, pero de los paralímpicos poco o nada.

Y de los paralímpicos de verano, aún se sabe su existencia por la popularidad de sus Juegos, pero el escaso seguimiento de los Juegos de Invierno en España os deja en una situación aún más difícil, ¿no?

Por eso mismo. Las grandes empresas nos pueden ayudar, ya si es económicamente es lo máximo, pero con esa difusión de que existimos, de que nos enseñen y nos hagan ver, para mí eso es súpergrande. El otro día, Liberty Seguros nos llevó a conocer a los trabajadores de su empresa. Solamente con eso, esa gente te conoce y se involucra todavía más. Cuando te ve cerca, la gente te ve como una persona normal y dice: “Voy a empezar a seguirla”. Eso está guay.

Del atropello al diploma paralímpico

¿Cómo entras en el mundo del snowboard? ¿Cómo acabas con una tabla sobre la nieve?

Cuando tuve el accidente de tráfico, estuve tres años que no pude andar o andaba muy mal. Me movía con silla de ruedas o con muletas. Cuando decidí cortarme el pie, al ponerme la prótesis, lo quería hacer todo. Entonces tenía un amigo que era profesor de snowboard aquí en Baqueira y me invitó a probar el snow. Yo le decía: “¡Que soy pata palo! ¡Acuérdate!” . A lo que él me respondió: “Serás un reto para mí”. Estuve dos días con él y me sentí muy bien. Cuando volví a Barcelona, me llamó y me dijo: “Tengo un amigo que hace las pruebas para el equipo nacional paralímpico de snowboard” (ese amigo, ahora, es mi entrenador). Yo no estaba nada segura. ¡Acababa de empezar! Y me convenció: “El ‘no’ ya lo tienes”.

¿Y cómo fue esa prueba? De repente podías formar parte del equipo nacional…

Me presenté y tuve la gran suerte, en ese momento, de que no se presentó ninguna chica más. El nivel femenino mundial era tan bajo que pensaron en enseñarme de cero, corriendo el riesgo de que les saliera bien o no. Lo hicieron, y la verdad es que he ido progresando bastante rápido. Aunque, eso sí, hay que decir que me meten mucha caña.

¿Cómo fueron los inicios? Un nuevo mundo de repente…

El inicio fue súperduro. Era la primera vez que me alejaba tanto tiempo de mi familia, de mis amigos… Fue un año que no paró de nevar, prácticamente no veía el sol. Pasé de no hacer nada durante tres años a entrenar ocho horas diarias, entrenando 5 horas en pista y 3 horas más en el gimnasio de lunes a sábado. Fue durísimo. Incluso me planteé: “¿Qué hago aquí? Me volvería a casa”. Pero poco a poco me fui enganchando. Una de las claves era el buen rollo que vi entre todos los competidores en las primeras competiciones donde participé. Eso me enganchó mucho más. Me ayudó mucho a superar la amputación. Ver a los demás que podían hacer vida normal.

Astrid se muestra muy orgullosa de imágenes como esta. Ella lo llama su “perfecta imperfección”.

El snowboard te ha cambiado la vida por completo…

El snowboard me ha cambiado la vida radicalmente en todos los sentidos. Estoy súpercontenta. Me ha dado la vida otra vez tras los tres años encerrada en casa.

Es otro de los factores que continúan a día de hoy: “Nunca estoy con mi familia y mis amigos. Estoy siempre entrenando lejos”.

Cuando empecé con el snowboard, comencé a viajar. Yo, que no había viajado casi a ningún lado. Conocí a gente, gente amputada con mi misma situación, o incluso peor, que pueden hacer una vida totalmente normal. Eso ayuda mucho. Todo me cambió y ahora no quiero volver atrás a la otra vida que tenía.

El cambio debió ser grandísimo, y además te has adaptado genial a tu vida nueva

Antes era dependienta de una joyería en el centro de Barcelona. En ese momento, a mí me encantaba porque me gusta mucho estar con gente y cara al público. Pero, quieras o no, era un vida rutinaria: te levantas, vas a trabajar, comes, vas al gimnasio y vuelves a casa. Ahora, en cambio, ¡no sé nunca dónde voy a estar! Mi vida ha cambiado totalmente: de la vida rutinaria de ciudad a una vida en un pueblo de montaña y la unión de sus gentes, que es una de las cosas que me ha enamorado. Ahora no volvería a vivir a Barcelona. He descubierto la montaña y cuando tenga que asentarme en algún sitio será en la montaña, seguro.

Me impacta tu sonrisa al hablar de tu nueva vida, Astrid…

Siempre he sido positiva. Pero ahora soy súperfeliz. Aunque en este inicio de temporada, no lo estoy tanto [bromea mientras sonríe]. En serio, soy muy positiva y me encanta reír.

Nos contabas que habías estado tres años “encerrada en casa” a causa del accidente… ¿Cuál fue el punto de inflexión?

Fueron tres años duros. Además, cogí una bacteria hospitalaria en el quirófano. Los médicos me dijeron: “Tienes dos opciones: o cortar el pie o quitar todos los huesos del pie y dejar un pie inútil de por vida sin poder apoyarlo.” En esos momentos, yo no conocía a nadie amputado y el tomar esa decisión para mí fue la más dura de mi vida. Fue lo peor… Preguntaba a los demás que me aconsejaran y nadie quería decirme para no influenciar mi decisión. En ese momento, no entendía nada. Pero cuando tomé la decisión de cortarme el pie, me dije a mí misma: “A partir de ahora, me va a ir todo bien”. Y en realidad fue así.

Y al tomar la decisión, ¿cómo te levantaste de un golpe así?

Me costó tomar la decisión pero pensé: “Después de esto, ya no puede pasar nada más. Corto y punto.” Y bueno, sí me pasó. Se me gangrenó el muñón y tuvieron que cortarme un poco más. Pero después, cuando me pusieron la prótesis, ya solo pensaba que podía andar otra vez. Llevaba tres años en una silla de ruedas y ahora podía andar. Los médicos flipaban. Fue ponerme la prótesis y salí casi corriendo. ¡Tenía tantas ganas de comerme el mundo! En estas circunstancias, muchas veces lo que más influye es la actitud.

Y tanto te querías comer el mundo que en unos meses estabas en unos Juegos Paralímpicos ganando un diploma…

Todavía lo pienso y digo: “Madre mía, qué fuerte”. En mi segunda temporada en el snowboard, con solo seis o siete meses sobre la nieve realmente, cuando me di cuenta estaba en los Juegos Paralímpicos. Llegué allí con la boca abierta y me fui con la boca abierta. Es impresionante estar ahí en la ceremonia de inauguración. Y claro, encima gano el diploma olímpico. Me quedé flipada.

¿Cómo ganaste el diploma? ¿Cómo fue la competición?

Desde el principio, los entrenadores del equipo nacional me enseñaron mucha técnica. Yo no corría mucho pero tenía mucha técnica. Al llegar a Sochi, hacía mucho calor y se deshacía el circuito. Hicieron uno nuevo con más curvas para que no cogiéramos tanta velocidad. Y claro, como a mí me había enseñado técnica, yo iba lenta pero no me mataba, que era lo importante. Las otras, en cambio, iban súperrápido y se caían. Esto me sirvió para ganar posiciones.

Una de las cosas que más puede sorprender a la gente es ver la prótesis, pero sobre todo porque cada vez que te vemos… ¡llevas una diferente! ¿Por qué? ¿Qué significado tienen?

Me la cambio cada año porque el muñón cambia y hay que hacer el cambio en el encaje. Pero mira, al principio quería que no se notara nada y la quería de color carne. Cuando empecé a superarlo, ya pensaba que era como un tatuaje que me lo podía cambiar cada año. Así que, según la moda de ese año y de lo que tenga en mi cabeza, la voy cambiando. Ahora la llevo de calaveras porque me he vuelto un poco macarra. Pero otras veces me la he puesto de flores, ¿eh? Como cada año me la puedo cambiar, lo encuentro divertido. Ahora ya no la quiero de color carne, que parece un ‘color de vieja’.

Imagen de
Jon Santacana

¿Entrenáis con el equipo olímpico? ¿Tenéis relación con su equipo?

Tenemos mucho cachondeo en el equipo porque a ellos les llamamos ‘humanos’. La diferencia en los entrenamientos entre olímpicos y paralímpicos es el circuito. El nuestro es adaptado. Ellos tienen unos saltos más grandes, de hasta 25 metros. Los nuestros son de 8-10 metros. Los módulos son también más pequeños. Con mi discapacidad aún se pueden hacer bien, pero hay gente en el circuito que es amputada femoral, es decir, por debajo de la cadera y no tener rodilla en algunos saltos grandes puede hacer que se hagan mucho daño. Es cierto que cada vez lo están haciendo más difícil para nosotros, pero progresivamente. En algunas pruebas internacionales sí que hemos coincidido con los chicos del equipo nacional y vamos a entrenar todos juntos.

Casi, casi serás la última en llegar al circuito internacional, pero ya habrás visto y vivido muchas historias que te habrán impactado…

Te podría contar muchísimas. Pero sobre todo, competidores de Estados Unidos que han perdido las piernas por la guerra. Eso me impacta muchísimo. Por las bombas, no tienen piernas. Parece mentira que sigan existiendo estas cosas. No eres consciente de la dureza de estos casos hasta que no conoces a alguien o lo ves de cerca, pero son cosas que impactan mucho. En este mundo, te quedas alucinado de la fuerza que tiene la gente. En cada concentración, flipo con algo. Te hace crecer muchísimo como persona.

¿Qué mensaje enviarías a la gente que lo ha pasado mal como te pasó a ti en esos tres años? Nadie mejor que tú para animarles tras salir de ese agujero y hacerlo de esta forma…

Lo primero que diría a alguien que lo está pasando mal es que se deje ayudar, que no se pierda en sí mismo y que escuche a los demás. Una experiencia de alguien puede hacer cambiar la perspectiva de todo. Que adelante, que si lo he hecho yo, lo puede hacer cualquier persona. Yo tampoco pensaba que sería capaz y ahora estoy haciendo cada día lo que me gusta y casi yendo a mis segundos Juegos Paralímpicos. Se puede perfectamente. En cualquier cosa que me necesiten, que me escriban por redes sociales. Yo intento ayudar a todo el mundo. ©RELEVO

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