José M. Amorós
Publicado el 25/1/2018 a las 19:00
TIEMPO DE LECTURA: 4 minutos

El cantante italiano Massimo Ranieri se prepara para ganar la trigésimo octava edición del Festival de San Remo entonando la preciosa canción La pérdida de amor e Italia permanece pegado a la televisión ante la gran cita de la canción transalpina. Pero los minutos previos al comienzo del festival, los italianos tenían la vista puesta a miles de kilómetros de la capital de la costera Imperia.

Toda la atención estaba fijada en un joven de solo 22 años, nacido en San Lazzaro di Savena. ¿Quién podía ser el responsable de dejar de lado la gran cita de la canción, esperada durante todo el año? Alberto Tomba, un esquiador boloñés se hace omnipresente en los hogares italianos. La televisión se marcha en directo a Canadá, donde en la gélida ciudad de Calgary se están celebrando los Juegos Olímpicos de Invierno de 1988.

Mientras tanto, en el Teatro Ariston de San Remo, Miguel Bosé y Gabriella Carlucci preparan ya su presentación de la gala y la orquesta afina los instrumentos para las canciones de estrellas internacionales como Paul McCartney, Joe Cocker, Bon Jovi o Paul Anka. Todo está preparado pero el espectáculo va a comenzar muy lejos de allí. El único espectáculo que todo el mundo quería ver llevaba el nombre de Alberto Tomba. Quien, dos días antes, había conquistado el oro en el eslalon gigante en su primera participación en los Juegos Olímpicos de Invierno y se había hecho con el corazón de Italia en una prueba memorable para el recuerdo de los aficionados.

Un momento irrepetible juntando a todo un país como Italia delante del televisor para estar pendiente de una competición de invierno: Tomba y su estilo único comienzan a deslizarse por la empinada pendiente canadiense como nadie. Vuela entre la nieve y despierta la euforia de su país con cada uno de los movimientos sobre sus esquís. La Bomba de San Lazzaro cruza la meta con un gran tiempo de 1 m 39 s 47 ct, que supone la mejor marca provisional en la meta. Un crono que le asegura subir de nuevo al podio, ya que quedaba por salir el alemán Wörndl. El buen hacer del germano aún pone más tensa la competición con unos parciales similares a los de Tomba. Al cruzar la línea de meta, el tiempo se para en 1 m 39 s 53 ct. ¡Seis centésimas de diferencia! Seis centésimas que llevan la segunda medalla de oro al cuello del italiano. Y viéndolo, 20 millones de italianos pegados a la pantalla esa noche. Una noche de euforia y ensueño reflejados en la cara del mítico periodista italiano Aldo Biscardi que tiene la suerte de contar la hazaña.

Italia y el mundo tenían ante sus ojos el principio de la historia de una leyenda del esquí y del deporte. Pero Tomba no era capaz de ver lo que había logrado y solo quería más. Tras alzarse con un doblete de oro histórico, confesaba haber tenido un sueño que tenía el objetivo de cumplir a toda costa. Ahora, con el paso del tiempo, su leyenda continúa viva pero se entiende mejor con una de sus célebres declaraciones:

“Quiero convertirme en el más grande del mundo. Ser capaz de conquistar tanto, que la gente que por ahora no me conoce pueda reconocerme en todas partes hasta vestido de calle. Quiero ser conocido como el Papa, Reagan, Gorbachov o Stallone. Aunque quizás a Stallone en África no lo conozcan…”

Una carrera deportiva que fue creciendo hasta convertirse en leyenda con cinco medallas olímpicas (tres de ellas de oro), cuatro medallas mundiales (dos doradas), un título de la Copa del Mundo en 1995 (con unas increíbles 11 victorias), y un total de 50 victorias y 88 podios en pruebas de la Copa del Mundo.

Alberto Tomba logró atraer el cariño espontáneo de millones de italianos, con su carisma, su extravagancia y su personalidad extrovertida. Su ser campeón y también el carácter invencible que el deporte italiano ha enseñado en muchas otras ocasiones. La Bomba fue uno de los primeros fenómenos mediáticos que llegó a las portadas de la prensa italiana, el único que llamó la atención de los espectadores fuera de los límites estrictamente deportivos y desafió, con ironía, a un ídolo reconocido en Italia y en el resto del mundo:

“Maradona ha venido a Italia y muchos se arrodillan ante él. Fanáticos en el fútbol hay más que en el esquí. Pero quiero retarlo porque al fútbol no lo hace mal, pero quiero verlo con los esquís… Maradona, te desafío”. (Gazzetta dello Sport, 31/11/1988). ©RELEVO

Alberto Tomba abrió la espita de su leyenda en el eslalon de Calgary 1988.

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